martes, 8 de diciembre de 2009

Jeroglíficos en los patios para el año 3000

En el patio de mi casa se han hecho muchas fiestas. Incluso el jardín fue acondicionándose al pasar de los años para ofrecer más diversión. Cuando era muy pequeño los Reyes Magos me trajeron una resbaladilla y un columpio; tiempo después se techó la mitad del patio y se podían instalar maquinitas de videojuegos sin temor a la lluvia, mientras en otra ocasión me regalaron unas porterías de futbol para hacer torneos. La última adquisición fue un baño exterior para que nadie tuviera que entrar a la casa.

Las primeras fiestas eran infantiles, con payasos, globos y magos. Entre más viejos nos hicimos el ponche y la malteada dejó su lugar al ron y los shots. El mejor aguinaldo ya no tenía cacahuates, sino tabaco. Las discusiones también evolucionaron. Las pláticas ya no se centraban en el último episodio de la caricatura, sino en cosas cada vez más serias, o aburridas. Una vez el nuevo novio de una amiga, tratándose de hacerse el interesante, comentó que había leído el último libro de Gary Jenings, una novela llamada Azteca.

La historia prehispánica siempre me ha llamado la atención. Durante la preparatoria fui de misiones a algunos lugares donde parte de la población hablaba náhuatl, así como vestían ropas de manta y blusas bordadas a mano. En mi afán por hacer mi indigenismo un poco más serio, empecé a leer sobre el periodo previo a la conquista de México. Encontré muy pocas cosas en las que los autores estuvieran de acuerdo.

En la plática dentro de la borrachera, el nuevo novio de mi amiga hablaba sobre que los aztecas no tomaban alcohol para sentirse bien, sino como parte de un ritual ancestral y místico. No sé qué tan cierto sea, pero en cuestiones indígenas y precolombinas el tema es tan poco conocido y hay tan poca evidencia que cualquier hipótesis puede sonar coherente o hasta ser verdadera.

Hay tesis que explican la derrota azteca porque los españoles tuvieron la suerte de matar a alguien que cargaba una bandera mágica cuando iban perdiendo, hasta cuentos más difundidos como que todos creyeron que los españoles eran dioses. Después de lo poco que he leído, me ha quedado claro que depende mucho del enfoque, así como si las conclusiones por el estudio se basan en lo escrito en las pirámides, en los códices o en las vasijas.

La historia precolombina es como entrar a una caverna con la posibilidad de sentir lo que existe pero sin verlo. Hasta que alguien invente alguna máquina del tiempo, todo seguirá siendo un supuesto. No culpo a los historiadores por los mitos o historias absurdas. Al contrario, me parece loable el intento de reconstruir una pequeña parte de la historia con tan poca información.

La plática con el nuevo novio de mi amiga tuvo como conclusión que si alguien quisiera explicar qué pasaba en nuestra sociedad viendo el patio de mi casa podría suponer que el jardín lo ocupábamos para beber(cosa cierta), aunque quizás se confundiría si viera una cajetilla de Camel. Asumiría que todos fumábamos para tomar. Alguien más aventurado diría que en México había camellos o que este animal era uno de nuestros dioses. El asador en medio del patio tendría un sentido místico, en vez de ser una ocurrencia o necedad de mi padre.

Hace unas semanas fuimos a ver 2012, una cinta entretenida y con muy buenos efectos, aunque con una historia algo predecible. Según el tráiler los mayas ya sabían que el mundo desaparecería en ese año. Una frase que invita a sospechar que quizás lo presentado en el filme sea real. La verdad, si el mundo desaparece en 2012, 2018 o 2046 creo que será más por una casualidad a que porque los mayas lo hubieran sabido.

Si en doscientos años desapareciera la mayoría de la civilización por una guerra intergaláctica, los humanos sobrevivientes que encontraran un panfleto de Robotech pensarían que los japoneses ya sabían que eso ocurriría y que incluso lo habían hecho un dibujito y un excelente negocio. Lo mismo ocurriría si un grupo de extraterrestres utilizan armaduras con poderes. No creo que el creador de los Caballeros del Zodiaco sepa que en la Galaxia XDREMSD hay alguien con estas características.

La semana pasada encontré en un blog un video sumamente interesante. Es una parodia sobre lo que dirían los historiadores en el año 3000 sobre los Beatles, similar a como en el History Channel de hoy hablan sobre las guerras del Peloponeso o la vida de Herodes. En dichos reportajes la distancia entre años no importa tanto, un acontecimiento del 820 es claramente influenciado por otro del 750 (aunque haya 70 años de diferencia), así como tampoco si el nombre del conquistador era Xenófocles o Xenófocbosin. Lo mejor del video es cuando dice que al pasar los años, hasta un grupo de insectos fue nombrado como el popular grupo: Beatles.

La historia podría sonar ridícula si suponemos que hoy ya existe un registro virtual de este siglo y que esto ahorrará problemas al futuro. Un absurdo. Cuando se inventó el papel seguro los humanos sospecharon que ya no tendrían problemas para traspasar su conocimiento. El escultor del jeroglífico o Códice de alguna pirámide de Egipto o Mesoamérica seguro pensó que con el cincel estaba dejando un testimonio imperdible. Lamentablemente fue tan perdible como su idioma o tradiciones.

Algún día nuestras tradiciones occidentales se perderán, el internet colapsará o se volverá obsoleto y alguien tratará de reconstruir nuestro pasado.

Voy a escribir un jeroglífico en el jardín de mi casa para que quede constancia de las fiestas


lunes, 7 de diciembre de 2009

Conciertos de discapacitados

La única vez que escuché un concierto de música clásica en el palacio de Bellas Artes aún estaba borracho. La noche - madrugada anterior fue de fiesta hasta las 6 de la mañana, seis horas antes del concierto. Ese día del señor iba con mi entonces novia a escuchar a la Orquesta Sinfónica Nacional.

En el auditorio de Bellas Artes no apagan las luces, por lo que el público puede verse entre sí durante todo el espectáculo. Una bendición si uno quiere ligar o ver a los demás. La mayor desgracia si uno tiene sueño. Si bien el tequila y bacardí disfrazaron el sonido, de no haber ido borracho me habría costado el mismo trabajo apreciar qué tan bien o mal ejecutadas fueron las piezas.

Como espectador ignorante no me queda más que admitir que escuché una gran ejecución. Nadie refuta la grandeza de la música de Bach, Mozart o Beethoven ni el profesionalismo de la Orquesta Sinfónica Nacional,

La música clásica entre ignorantes se parece al cuento infantil en que a un rey le venden una tela inexistente que sólo pueden apreciar los más sabios. En lugar de exigir a los vendedores charlatanes la devolución de su dinero, el rey duda de su sabiduría. Para no sufrir vergüenzas, simula distinguir la tela invisible. Se crea un efecto dominó, en el cual los cortesanos y ayudantes también dicen verla. Durante el desfile en que el rey presentaría su nuevo atuendo, los súbditos simulan ver el ropaje. Un niño al que no le importa que piensen que es tonto grita: el rey está desnudo.

Al igual que nadie cuestiona la Orquesta Sinfónica en Bellas Artes, muchos opinan que el Quijote es el mejor libro de todos los tiempos. No importa que el 90% de los que saben leer ni siquiera ha abierto el libro. Al parecer nos gusta hacernos los interesantes. Una vez traté de leer El Quijote. No lo terminé y no creo volver a empezarlo. Durante la secundaria el profesor de Literatura sabía de lo inútil que era obligarnos a leerlo y nos dio una serie de cómics con la historia ilustrada. Ahí aprendí sobre la historia de los molinos, Dulcinea y Sancho.

Sin embargo, la elección de las mejores obras no debe ser democrática. En la mayoría de las profesiones existen dos caminos, uno sumamente complicado e irrepetible y otro mucho más sencillo. Lo sencillo es siempre más fácil de apreciar, pues no requiere de conocimientos previos ni reflexiones milenarias. Basta el aprendizaje en veinte o treinta años de vida, no el conocimiento agregado de prueba y error de miles de años. Si democratizáramos la mejor obra en idioma español ganaría Condorito por tener dibujitos y menos reflexión que Mafalda.

En una sociedad donde en teoría la mayoría nacen iguales, aún ha sido complicada la democratización de la música y literatura clásica. ¿Le interesará a tan poca gente, no tienen herramientas para evaluarla o se habrán convertido en ropa invisible sólo apreciada por sabios? ¿Existirá realmente la ropa?

Con motivo de mi cumpleaños un viernes por la noche fuimos a escuchar a la Orquesta de Santiago. El lugar se encontraba semi lleno e increíblemente había muchos jóvenes. La presencia no era sólo por un refinado gusto de la sociedad chilena, sino porque hay precios populares para menores de 28 años. Nuestros lugares eran alejados pero en el centro y costaron como 2 Big Macs. Si hubiéramos comprado el lugar más barato, habría sido más caro comer una Big Mac que ir al concierto.

La música clásica parecería de nerds. Si bien algunos jóvenes iban solos, muchos iban con sus parejas. Nunca había pensado en lo romántica que puede ser una cita escuchando a Beethoven. No sé si mi carencia de gusto por la música clásica venga de la falta de opciones durante mi adolescencia. No recuerdo haber encontrado nunca un concierto de música clásica en mi ciudad natal y mucho menos a precios populares. Haber cortejado a alguien en un concierto de música clásica sería un recuerdo más bonito que una tarde de cine o boliche en Angelópolis o La Noria.

En Bellas Artes, el primer concertista tocaba un violín Stradivarius (unos violines como del siglo XV de los que sólo hay como diez en el mundo) que se había ganado en un concurso. Tenía como 24 años, se veía acongojado y sumamente tímido. Sin embargo, en cuanto tocaba el violín, su postura y condición cambiaban. Parecía que sus dedos no tocaban las cuerdas de un instrumento musical, sino los nervios más sensibles de la mujer más bella.

En el Teatro Municipal de Santiago, la concertista de Santiago era una pianista regordeta que no despertaba ninguna sensualidad en sí misma. Cuando empezó su pieza parecía que el cuerpo le había cambiado. No pude aplaudir como en un Table Dance, pero su movimiento lo merecía más que la mejor bailarina. Desde una grada lejana se veía algo guapa, aunque quizás esté exagerando.

Ambos concertistas guardaban una característica en común: tenían alguna característica física que seguramente les acarreó muchas bromas de niños. El violinista tenía el rostro desfigurado, mientras la pianista una malformación en la pierna. La música clásica fue su válvula de escape para una sociedad que se iba a burlar de ellos.

El día que compramos los boletos para el concierto de música clásica nos pasó algo curioso. Un señor en su silla de ruedas iba delante de nosotros. Los perdimos unas tres o cuatro cuadras adelante y caminamos unas veinte cuadras por el centro de Santiago hasta llegar a la taquilla. Después de comprar los boletos, el señor en silla de ruedas estaba en la misma cuadra que nosotros. La ciudad le daba la oportunidad de moverse y ejercer sus derechos como cualquier otra persona.

Nunca he visto a una persona sola en silla de ruedas en la Ciudad de México y menos en Puebla. Las banquetas son un impedimento físico para que las personas con discapacidad se integren a la vida de la sociedad. El señor que nos escoltó al Teatro municipal estaría encerrado en un cuarto del DF de haber sido mexicano, esperanzado de que algún familiar lo alimentara.

El apoyo a las personas con discapacidad no debe ser una obra caritativa, sino darles el derecho a ser productivo. Sin embargo, en México seguimos enfrascados en la caridad del Teletón y las lágrimas de Lucero porque un niño sufrió mucho.Nadie cuestiona el valor del Teletón por su pésimo enfoque. Algunos se quejan de la insensibilidad de que algunos no donen mientras otros no dan dinero porque lo hace un emporio televisivo, como si el hecho de que mañana lo hiciera un grupo religioso o anárquico estuviera bien.

Decir que el teletón no es más que una limosna es como decir que el Quijote apesta o la música clásica suena feo. Ojalá que algún día un niño grite denuncie algo parecido a que el rey está desnudo

sábado, 5 de diciembre de 2009

Colaboración El Columnista 051209


Mi colaboración de esta semana en el diario El Columnista.

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Señales en el camino

Mucho frío pocas opciones

A diferencia de otras partes del mundo, en México las estaciones no se distinguen claramente. En ciertas zonas de Puebla puede llover en cualquier mes del año. El día de la Virgen de Guadalupe lo mismo puede tener un sol infernal, un diluvio bíblico, un frío nórdico o todas las anteriores. En Europa y Canadá los doces de diciembre dependen menos del azar. Al salir siempre es necesario utilizar ropa térmica.

La ruleta y falta de climas extremos limitan el guardarropa mexicano y exacerban la creatividad. Hace tres años, un extraño frente frío azotó al país durante marzo, el mes de la primavera. En esa ocasión un conductor de televisión reflexionaba sobre la vestimenta de la gente. Según él, ante la escasez de chamarras térmicas la mayoría de la gente optó por colocarse toneladas de ropa: tres playeras, dos suéteres, una sudadera, una chamarra, dos bufandas y un gorro. Miles de mexicanos convertidos en tamales andantes.

En las últimas semanas, Puebla se ha llenado de tamales humanos. Muchas mañanas han sido frías, aunque el calor aparezca a mediodía para desvanecerse en la noche. El calentamiento global no ha ordenado nuestros caóticos días, aunque hay ciertos patrones. Los científicos aún discuten si el frío es el causante directo de las enfermedades respiratorias, pero está comprobado que la gripe y los resfriados son más frecuentes en invierno.

Una enfermedad puede ser una tragedia no sólo por el daño corporal. A pesar de los avances de la ciencia, en el país aún combatimos las gripas con remedios caseros. Mi padre me enseñó a tomar miel con limón para curar la tos. Un remedio más sencillo que pagar quince veces más por una consulta en un consultorio privado o esperar tres horas en el seguro social. Los consejos de las abuelas suplen a los médicos por falta de seguridad social.

De acuerdo con el INEGI en 2005 la mitad de la población del país no contaba con derechohabiencia. Más de 48 millones de mexicanos no tenían ningún tipo de seguridad social. Quizás por ello tres años antes, más de la mitad del gasto en el país en cuestiones de salud no era desembolsado por el Estado, sino que provenía del gasto familiar. A nivel nacional el problema afecta tanto a ricos como a pobres aunque como siempre, estos últimos son más perjudicados. Según el Centro de Análisis Fundar, entre el 10% de la población más pobre la enfermedad de un miembro de la familia representa erogar más del 50% del ingreso. Aparte de ser una tragedia, pareciera que enfermarse es un lujo. En Puebla el 35% de la población no tiene derechohabiencia.

En parte por estas alarmantes cifras, el gobierno de Fox puso en marcha el programa Seguro Popular, el cual permitiría que eventualmente todos los mexicanos tuviéramos acceso a atención médica gratuita.

Todo gobierno busca que su población sea saludable. Sin embargo hay un gran debate sobre el cómo garantizar dicho derecho. En Estados Unidos, por ejemplo, una de las promesas de campaña de Barack Obama fue la instauración de un sistema de salud universal, buscando imitar el modelo del Reino Unido. El Congreso ha cambiado varios puntos de la propuesta original de Obama. El mayor punto de conflicto ocurre con el origen y monto de los recursos. A todos nos gustaría contar con un sistema de atención médica inmediato, sencillo y gratuito. La pregunta es quién debe pagar por ello y en qué proporción.

El concepto de seguro popular me parece justo. Creo que es una obligación del Estado (no sólo de un gobierno en turno) garantizar mínimos para toda la población, de forma que pueda lograrse una sociedad más equitativa. En el caso mexicano, ya se cuenta con un programa. Quizás el principal problema del seguro popular ha sido la mala aplicación de una buena idea.

El seguro popular aún no atiende todo tipo de enfermedades argumentando falta de recursos. Si bien tiene un universo de 49 enfermedades graves, no contempla padecimientos como infartos o insuficiencia renal. Hace un año, Alianza Cívica realizó un análisis sobre el desempeño del programa, encontrando que ha fracasado en su objetivo. Entre sus afiliados con mayores problemas de marginación, la mayoría aún destina parte de su ingreso a la salud. La gente sigue sin ahorrar en este concepto, pero ahora el gobierno también gasta, aunque al parecer no lo hace bien.

Por otra parte, el Seguro Popular se ha vendido más como un programa de atención a los más necesitados, dejando de lado a las clases medias. En lugar de posicionarse como una política universal que garantice el derecho a la salud, se ha utilizado como caridad.

En Puebla la ejecución de esta buena idea ha sido aún peor. De acuerdo con la Comisión Nacional de Protección Social en Salud, Puebla es el cuarto estado con menor avance en afiliación del seguro popular, sólo por debajo del DF, Michoacán y el Estado de México. Por otra parte, de acuerdo con el Informe de Resultados del Primer Semestre de 2009, en Puebla el 40% de los derechohabientes no ha contado con el total de medicamentos que necesita, cuando en otros estados la proporción no rebasa el 5%. Según la Secretaría de Salud estatal la falta de medicinas no ocurre por un desfalco sino por subejercicio. Dicho de otra forma, no es por deshonestidad, sino por flojera o apatía.

La mala calidad en los servicios es otro problema. Según la Encuesta de Satisfacción de Usuarios de Ipsos, en Puebla una persona tarda más de una hora en pasar a consulta, mientras en Morelos el tiempo es de menos de media hora.

Podría pensarse que como en la discusión gringa hay un problema de recursos. Sin embargo, hace dos años en Puebla se presentó un escándalo por presunto desvío de fondos y en 2008 el estado fue uno de los que contó con más observaciones respecto a su ejecución. Puebla aún no ha podido aclarar de manera satisfactoria en qué gastó 75 millones de pesos, a pesar de que, según el periódico Reforma el Seguro Popular otorga al estado más de 5 mil pesos por familia afiliada, mientras a Campeche apenas se le otorgan 2 mil. Somos uno de los estados que afilia menos, da menos medicamentos, da uno de los peores servicios en tiempo y calidad, pero que más dinero recibe.

El Seguro Popular podría ser la salida a muchos problemas de las familias, tanto en pesos como en dolor. El clima nos enfrenta a una situación de peculiar azar a nivel mundial. Sin embargo, un buen sistema de salud universal debería sustituir las miles de ropas y los cientos de tamales poblanos.

mig_bon@hotmail.com

http://latierradelnoseque.blogspot.com

sábado, 28 de noviembre de 2009

Cultista wikipedioso

Los canales culturales suelen ser muy aburridos. Incluso a mí que me gusta leer y que eventualmente ve alguna película de cine europeo me parecen pesados. Quizás sea mucha incultura o mucha presunción de los "cultos".
La belleza en el mundo se aprecia si se tienen herramientas. La gente regularmente malparidea de política mientras menos sigue noticias -salvo algunas excepciones como dice Sartori-, los detractores del futbol son quienes jamás han jugado o visto un partido completo en su vida y los que odiamos las telenovelas no nos chutamos El Privilegio de Amar ni María la del Barrio.
Desde que llegó Jorge Volpi al canal 22 pareciera que existe un cambio, aunque mínimo. Algunos programas tratan de enseñar cómo apreciar la danza, la ópera o una puesta en escena. Si durante las olimpiadas necesitamos que Nadia Comaneci nos explique por qué una acrobacia en gimnasia está bien o mal ejecutada, en cuestiones culturales el reto es mayor. Una visita al Museo de Arte Moderno puede ser un paseo donde sólo pongas cara de intelectual, simules entender la complejidad de un montón de manchas sin sentido y voltees a ver a otras personas que hacen lo mismo. Si alguien explicara el trazado o el sentido detrás de varias manchas, el trabajo sería más sencilla. La cultura debería explicarse con manzanas y peras o con ejemplos de tortillas y telenovelas.
Uno de los primeros "cultistas" que encontré en México era Nicolás Alvarado. Tenía un programa en TV Azteca que pasaba los sábados o domingos en la mañana llamado Domingo siete -si mal no recuerdo, aunque quizás esté confundiendo el título-. Si bien no era la mejor compañía para una buena cruda, el show entretenía y dejaba enseñanzas. Mezclaba los aburridos temas de los programas de cultura con el formato de revista que tanto funciona en los programas matutinos semanales.
Me tocó ver que invitaran a un escritor a que preparara algún platillo o que hiciera yoga, mientras platicaba de su libro. Una buena idea, aunque creo que el programa fue cancelado. Las y los artistas que cocinan y hacen yoga en Hoy tienen grandes chichis o cuadritos perfectos. Entre escritores, los abdominales son redondos como chichis y las chichis tienden a ser cuadradas. Con esa limitante, el sistema era difícil de imitar.
Nicolás Alvarado hace la columna cultural en el noticiero de Loret y escribe en El Universal. Hoy escribió para defender a la Wikipedia. Cada día me cae mejor.

http://www.eluniversal.com.mx/editoriales/46482.html

El Columnista 271109

Durante esta semana tomé un diplomado que dura toda la mañana y la tarde. No ha habido tiempo de escribir pero sí han surgido muchas buenas ideas. Espero no dejar de escribir toda la siguiente semana.
Por lo pronto esta es mi colaboración de ayer en el periódico El Columnista de Puebla.

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Señales en el camino

Mucho político pocas políticas

Si bien algunas caricaturas generan reflexión, su objetivo principalmente es entretener. Por ello da igual si los ratones hablan, los conejos besan a sus cazadores o si un niño amarillo anda en patineta. Nadie reclama que estas caricaturas gringas tengan ojos, boca, nariz y manos como los humanos, pero sólo cuatro dedos. Kalimán y la familia Burrón parecen estar hechas para el mundo real. Sus personajes tienen dos ojos, dos manos y cinco dedos como los humanos.

El dedo omitido no es una moda de todos los dibujos gringos. Los personajes de historietas y tiras cómicas sí tienen su cuerpo en orden. El Hombre araña, Superman y la Pequeña Lulú tienen dos ojos, dos piernas, una boca y cinco dedos. A pesar de que entre estas historietas el trazado de la Pequeña Lulú es el menos parecido al mundo real, sus tramas son mucho más parecidas a nuestro mundo. El dibujo perfecto no es garantía de ser un buen espejo.

El mejor amigo de Lulú, Toby, tiene un club al que sólo pertenecen los niños. Un letrero a la entrada garantiza la exclusión femenina: “No se admiten mujeres”. En una sociedad imaginaria como el mundo de Lulú, el asunto es anecdótico y genera risa. Aplicado al mundo real genera reflexión e indigna que muchos seres humanos reales se comporten como Toby.

La discriminación a las mujeres es peculiar. Hay menos varones en el mundo pero los derechos femeninos son minorizados. Ellas son una mayoría que sufre trato de minoría. Históricamente no han tenido las mismas oportunidades para decidir el destino de su vida. Aunque han habido avances, a más de 60 años de la aprobación del voto femenino en México, aún dominan las fotografías de políticos varones en los periódicos.

La participación política de las mujeres es un indicador sobre las oportunidades de desarrollo que les brinda una sociedad. Un país lleno de Tobys tendrá a las Lulús encerradas en la casa, no porque ella lo decida sino porque no tenía opción. La teoría de equidad de género dice que la proporción de hombres y mujeres en cada puesto y trabajo público debería ser similar. Si bien es probable que exista una variación natural dependiendo de las características de cada persona.

Si bien en América Latina sólo hay dos jefas de Estado, en México ni siquiera ha habido una candidata a la Presidencia con posibilidades de ganar. A nivel estatal, sólo seis mujeres han sido gobernadoras. En Puebla, la última candidata a la gubernatura fue postulada hace diez años.

Por otra parte, según el INEGI sólo el 5% de los municipios en el país son gobernados por mujeres en 2009. Incluso hay seis estados sin alcaldesas: Aguascalientes, Colima, Baja California, Campeche, Nayarit y Querétaro. Del lado contrario, el mayor porcentaje de presidentas municipales no se explica por una inclusión generalizada en algunos estados, sino por un bajo número de municipios, lo que hace que en caso de Baja California Sur obtengan un 20% con sólo una presidenta.

Evaluar el desempeño poblano requiere compararnos con estados que cuenten con muchos municipios. En este sentido, mientras en Puebla hay 9 alcaldesas en 217 municipios (4.15%), en el Estado de México existen 11 en 125 municipios (8.8%) y en Veracruz 15 en 106 (14.15%). Ambos estados nos superan tanto en términos absolutos como relativos.

Afirmar que la ausencia de una mujer en el poder Ejecutivo es sinónimo de discriminación sería falaz. Los votantes no sólo ven el género para definir su voto. Sin embargo, en una sociedad incluyente, ellas deberían ocupar una proporción similar de cargos públicos respecto a los hombres en puestos de primer nivel. Tampoco ocurre así en la realidad.

En el actual gabinete presidencial sólo hay dos secretarias de Estado (10.5%). Un nivel jerárquico más abajo la situación sigue siendo preocupante. Según el Centro de Estudios para el Adelanto de las Mujeres y la Equidad de Género (CEAMEG) de la Cámara de Diputados, el 75% de las Subsecretarías a nivel federal son ocupadas por hombres. Las reuniones del más alto nivel en la SEDENA, SSP, SAGARPA, SEP, SRA y Secretaría de Marina son clubes de Toby. En dichas secretarías no hay una mujer como Secretaria ni como Subsecretaria de Estado. En el caso de Puebla, de los 24 miembros del gabinete–o puestos homólogos- que aparecen en la página de Internet, sólo la Consejería Jurídica la ocupa una mujer (4.1%).

Todavía hoy algunos cuestionan el nombramiento de mujeres en puestos clave. Al ser una decisión del Gobernador o Presidente en turno, es más complicado incentivar la participación desde las reglas del juego. Obligar al Ejecutivo a nombrar a alguien con el que no esté de acuerdo -sea por su género, ideología u otro factor- sería una ventana para no asumir sus responsabilidades.

En el poder Legislativo no ocurre este fenómeno. Incluso hace quince años se establecieron cuotas para incentivar la participación de las mujeres a nivel federal y local. Las cuotas garantizan el acceso y homologan oportunidades. Si bien no son una garantía de que la participación femenil sea más efectiva o que se legislará más a favor de las mujeres, al menos aumentan la probabilidad de que ello ocurra. A pesar de las vueltas a la ley -como las renuncias de titulares mujeres para dejar a su suplente varón- las cuotas han aumentado el número de legisladoras. Desde 1994, el porcentaje de mujeres electas en el Congreso de la Unión ha aumentado en 10%.

En los congresos locales, de acuerdo con la CEAMEG, Colima, Campeche, Guanajuato, Yucatán y Sonora tienen más de 30% de diputadas locales, la proporción recomendada por Organismos Internacionales para garantizar equidad de género. En Puebla, nos encontramos un punto abajo. En esta legislatura el 29% de los escaños son mujeres. La situación estatal parecería satisfactoria si consideramos que menos del 10% de los legisladores locales de Jalisco y Nayarit son mujeres. Sin embargo no hay que olvidar que el 30% es sólo un mínimo y que en Sonora, el porcentaje de legisladoras es de 48.5%, mientras en Yucatán y Guanajuato de 40%

La participación de las mujeres es una condición necesaria para garantizar la representatividad y las oportunidades de desarrollo para todos los poblanos. No fomentar su presencia en la toma de decisiones nos aleja de una sociedad justa. Si bien en el poder Legislativo se han logrado avances, aún falta exigir la integración de más mujeres en los puestos de primer nivel.

Al parecer las cuotas de género permitirán la entrada de mujeres en la próxima legislatura. Sin embargo, a la hora de escoger representantes en los Ejecutivos estatal y municipal habrá que tener cuidado con los Tobys.

sábado, 21 de noviembre de 2009

El Columnista 201109


Mi colaboración en El Columnista del 20 de noviembre de 2009

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Señales en el camino

Muchos desempleados ningún asegurado

Las historias infantiles de magia son más efectivas para que los adultos sueñen despiertos que para que los niños duerman. Nadie puede negar que lo mejor que podría pasar en la vida es encontrar una lámpara maravillosa o una varita mágica. Un musculoso genio azulado o una sexy hada madrina harían por nosotros todas aquellas cosas que no queremos hacer.

Si bien después de hallar una lámpara mágica, el primer deseo de cualquier persona inteligente sería tener un millón de deseos, este tipo de cuentos tienen otras restricciones para evitar siempre contar la misma historia. La más popular es que los deseos no pueden ser más de tres. Si se hiciera una votación mundial para elegir los mejores los deseos ante un genio, los tres más votados tendrían título de telenovela: salud, dinero y amor.

El dinero es el anhelo más alcanzable. Incluso algunos pueden hacer realidad este deseo con un hada madrina llamada lotería. Los que no somos tan afortunados nos conformamos con trabajar, aunque de inicio no ganemos millones. Esta situación que parece pesimista y alejada de la magia, no es el peor lado del mundo. Muchos buscan trabajar pero simplemente no pueden hacerlo. A mucha gente le falta trabajo no por falta de entusiasmo, preparación o hadas madrinas, sino porque simplemente no encuentra.

En medio de una crisis económica, el desempleo es quizás el problema más grave. Incluso puede volverse una bola de nieve con consecuencias desastrosas si no se combate adecuadamente. Los recién desempleados no tienen dinero para comprar bienes, transportarse ni buscar trabajo; ello ocasiona que las empresas no vendan productos y despidan más gente que a su vez no puede comprar bienes. Una cadena viciosa que podría ser interminable.

La OCDE prevé que a finales de 2010 la tasa de desempleo promedio de sus países miembros alcanzará el 9.9%. En los treinta países más industrializados habrá alrededor de 57 millones de desempleados. Sólo en Estados Unidos durante este año la tasa de desempleo alcanzó el 10.2%, la más alta en más de veinte años.

En el segundo trimestre de 2009 la tasa de desempleo en México rondó el 6%, según el INEGI. Si bien es una de las más bajas de los países de la OCDE, no es porque haya muchas hadas madrinas, sino que responde a la manera en que mundialmente se mide el desempleo. La Organización Internacional del Trabajo (OIT) recomienda considerar desempleado a una persona con tres características: está en edad de trabajar, no tuvo trabajo durante la última semana y buscó trabajo. Esta definición excluye a estudiantes, amas de casa y trabajadores informales.

Aún contando a los informales como empleados, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo para el tercer trimestre del INEGI, más de medio millón de personas en el país han perdido su trabajo, ocasionando más de un millón de desempleados en el último año. La gente que perdió su fuente de ingreso ha debido buscar nuevas maneras para subsistir. Más de 530 mil personas se añadieron al sector informal de 2008 a 2009.

Para el caso de Puebla, de acuerdo con la misma encuesta, en los últimos tres meses el número de desempleados pasó de 99 mil a 122 mil, un aumento de poco más de 30 mil personas (1.3%) que representó una tasa de desempleo de 5.1%. Podría pensarse que la situación no es tan grave si consideramos que Chihuahua y Coahuila tienen una tasa de desempleo de casi 10%. Sin embargo, es preocupante el avance tan repentino y es una tragedia para quien lo haya sufrido.

En el municipio de Puebla hay 61 mil personas sin trabajo. Si consideramos que en el mismo periodo del año pasado había sólo 43 mil, el aumento también ha sido exponencial. Al igual que a nivel nacional, los poblanos se han refugiado en el sector informal para aliviar los gastos. En el último año creció 12.4% y hoy existen 30 mil nuevas personas trabajando en la informalidad.

El combate al desempleo puede darse por medio de múltiples estrategias. Esta misma semana se llevó a cabo Expo Profesionistas 2009, una iniciativa para vincular a empresas con demandantes de empleo. Una gran idea pero cuyos alcances son cortos para solucionar el problema.

La mayoría de los programas de empleo del Gobierno estatal (Portal del Empleo, Fomento al autoempleo) han partido de la lógica de que la gente no tiene trabajo porque no sabe dónde encontrarlo. Una visión muy útil para aquellos que se están integrando al mercado laboral o que han dejado de trabajar durante mucho tiempo. Sin embargo, en tiempos de crisis el mayor problema son aquellos que acaban de perder su empleo y para subsistir se integran al sector informal o al subempleo.

Una medida que se utiliza en casi todo el mundo son los seguros de desempleo. Con ellos el gobierno hace una transferencia directa a quien haya perdido su trabajo. Según la OIT hay más de setenta países con algún sistema de este tipo. En Latinoamérica sólo Chile, Uruguay, Brasil, Venezuela, Argentina y Ecuador contaban con un programa parecido antes de la crisis.

En México los recién desempleados están protegidos con una liquidación o seguro de separación individualizada, con los cuales se entrega al despedido una cantidad acorde con su salario. Su principal ventaja es que permite generar capital para el auto empleo. Sin embargo, el pago de muchas liquidaciones en un corto tiempo puede llevar a que una empresa quiebre. Otra gran bola de nieve. Por otra parte, hay mecanismos legales por los que un empresario puede pagar menos liquidación a sus empleados, como el pago de parte de su salario como bono o compensación y un largo etcétera.

Los seguros de desempleo permiten garantizar un ingreso mínimo pero estable durante un tiempo determinado. Dan la posibilidad de que la gente salga a buscar trabajo y satisfaga al menos mínima inversión que necesita en transporte y cuidados personales.

Algunas entidades federativas como el Durango, DF, Tamaulipas, Zacatecas o Estado de México han optado por llevar a cabo un programa temporal de seguro de desempleo por la crisis. El objetivo es evitar que la bola se vuelva más grande. En cada estado los montos y modalidades son distintos, desde los mil 500 pesos al mes durante seis meses en el DF, los mil 200 pesos y una despensa en Tamaulipas hasta esquemas basados en convocatorias como en el Estado de México.

Los seguros de desempleo no regalan dinero, sino dan la oportunidad de que las personas se vuelvan a integrar al mercado laboral de manera formal y ayudan a reactivar la economía. Puebla debería implementar un seguro de desempleo para todos los trabajadores que hayan perdido su trabajo en el último año. Sería una forma de evitar que siga aumentando el sector informal y ayudaría a que las familias poblanas puedan subsistir.

Un seguro de desempleo no requiere genios ni hadas. Paradójicamente, que los desempleados encuentren trabajo depende mucho de que el gobierno trabaje.

El Columnista 161109

Por una confusión el lunes pasado (16 de noviembre) apareció mi colaboración en El Columnista que debió salir el día 13. Este es el texto.
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Señales en el camino. 16 noviembre 2009.

Más firmas electrónicas menos filas

Hace cincuenta años el mejor banco era cualquier escondite. Los azulejos mal colocados, los colchones viejos y las macetas eran guardianes del dinero más eficaces que decenas de funcionarios malencarados. En esa época, retirar pocos ahorros del banco implicaba formarse por varias horas. En cambio, los azulejos y colchones no tenían filas, ni en las familias más grandes.

Los cajeros automáticos jubilaron al dinero escondido. No había que hacer una gran fila para retirar poco dinero y eran más seguros. Cuando era pequeño me gustaba presumir que había visto salir dinero de una máquina. Lo más parecido a un árbol de billetes que jamás veré.

La aparición de los cajeros automáticos no solucionó todas las esperas. Aunque ya se puede recargar el saldo del celular y pagar algunos servicios, aún no pueden realizarse depósitos en efectivo a otras cuentas. Finalmente, los Tokens bancarios alejaron a muchas personas de las filas para pagar una deuda.

El trato con el banco es mejor a la distancia. Es complejo lidiar con alguien que cuida de tu dinero, pero que te hace esperar para retirarlo. De no haberse inventado las firmas electrónicas para que el Token y el cajero sólo dieran dinero a su propietario, las colas serían aún peores.

El trato bancario y el burocrático son similares. Es complejo lidiar con alguien que recibe su salario de tus impuestos pero que difícilmente lo reconoce. Entre menos tiempo pase un ciudadano en oficinas de gobierno, menos se sentirá rodeado de malencarados. El conveniente trato a la distancia necesita que el solicitante pueda identificarse, para lo cual necesita de una clave o contraseña que sólo él conozca o le pertenezca.

Actualmente es más difícil falsificar los mecanismos de identificación electrónicos (huella digital, algoritmos, etc.) que los tradicionales (firmas, credenciales, etc.). La firma autógrafa, por ejemplo, se basa en lo que perciben los ojos y los sentidos pueden ser engañosos. Por otro lado, después de firmar o rubricar cien hojas, la última difícilmente se parecerá a la primera. Después de pasar cien veces la misma huella digital, la última y la primera serán iguales.

La tecnología puede evitar que los sentidos nos engañen. En este año, el Poder Judicial de la Federación instaló en más de 300 juzgados un sistema biométrico para registrar la asistencia de quienes enfrentan un proceso en libertad provisional. Antes los procesados firmaban una libreta y un oficial corroboraba con una identificación que el procesado fuera el firmante. Algo sencillo para un hermano, primo o parecido que quisiera suplantarlo: repetir un garabato y sonreír. En un sistema con huellas digitales suplantar no es tan sencillo.

Algunas dependencias federales cuentan desde hace cuatro años con firmas electrónicas avanzadas. Ellas son mecanismos de identificación con los cuales se pueden realizar transacciones y contratos, pagar impuestos, adquirir bienes, servicios o presentar la declaración patrimonial. La firma electrónica más conocida es la utilizada para pagar impuestos por Internet en la página del Sistema de Administración Tributaria (SAT). Al menos han tratado de no hacernos esperar en una interminable fila cuando vamos a pagar.

Entre las entidades federativas, Jalisco, el Distrito Federal, Estado de México o Nuevo León cuentan con legislaciones específicas para el uso de firmas electrónicas en varios de sus procedimientos. Todas tratan de hacerle la vida más sencilla al ciudadano, aunque bajo distintos alcances. Mientras el Estado de México y Jalisco contemplan medidas como firmas electrónicas notariales para registrar empresas más rápidamente, en el DF se le dio a ciertos documentos electrónicos la misma validez que un escrito tradicional.

Guanajuato fue el primer estado que aprobó una ley para establecer una firma electrónica. Dicha ley no contempla sólo la adquisición de materiales o la mejora de los servicios a la ciudadanía. También incluye mecanismos para hacer más fluida la comunicación entre el mismo gobierno.En el aparato gubernamental, muchas de las notas u oficios entre áreas son simples instrucciones de las que sólo se busca dejar constancia por escrito. Se malgasta papel y tiempo en un documento que puede generarse y autenticarse de manera electrónica. El papel se ha vuelto más lento y más fácil de falsificar que un monitor. Por otra parte, es más sencillo recuperar la información entre archivos electrónicos. No es necesario bajar decenas de carpetas, basta con apretar algunas teclas.

Entre tantas leyes parecería que la situacion marcha bien. Sin embargo, un reportaje del periódico Reforma mostró que aproximadamente el 85% del aparato gubernamental del país en 2009 no usa firmas, facturas u oficios electrónicos. La mayoría de las dependencias utilizan los procedimientos artesanales de hace ciencuenta años. En la era de los tokens, siguen guardando cifras millonarias detrás de un azulejo o comunicándose por medio de palomas mensajeras.

En Puebla, hace un mes el Ejecutivo local presentó una propuesta al Congreso del Estado para legislar una Firma Electrónica Avanzada que funcionaría en el Registro Civil. La SEDECAP detalló que la propuesta agilizará los casos en este ente, reducirá la corrupción y eficientará sus procesos. De acuerdo con la página del Congreso del Estado, el Secretario de Finanzas anunció que la medida podría implementarse en seis meses y que el ahorro en el Registro Civil por concepto de papelería podría superar los 40 millones de pesos.

La medida es aplaudible. Si bien ocurre un lustro después que en otros estados, es importante adaptar los avances tecnológicos a la relación del gobierno con sus ciudadanos. Sin embargo, el debate en el Legislativo no debe remitirse sólo a la relación de los ciudadanos con el Registro Civil. Sería bueno que también se discutieran y crearan mecanismos para facilitar la comunicación entre dependencias gubernamentales y que abarcaran otros entes públicos. Un sistema electrónico podría ahorrar millones en papeleo usado sólo para informar minucias entre la misma burocracia. También podría hacerle la vida más sencilla al ciudadano ahorrándole filas en otro tipo de trámites.

Ojalá que se apruebe una Ley que permita eliminar colas interminables, pero que se parezca más a un Token que a un cajero automático.

jueves, 19 de noviembre de 2009

Vejez por videojuegos o lectura

En los últimos días me he sentido más viejo.

El café Internet que frecuento se llena de adolescentes que van a jugar en red. Algunos me ven con desprecio, pues soy el único que sólo utiliza Word, Excel o Mozilla. Estoy seguro que si tratara de hablar con ellos me discriminarían por no tener tema de conversación. Los últimos juegos de PC que dominé fueron Starcraft y los Age of Empires, todos de finales de los noventa.

Para evitar miradas lascivas, últimamente cambio de café Internet. A pesar de que a diario busco un nuevo lugar, ninguno termina por convencerme. No es que prefiera estar rodeado de jóvenes más pequeños para sentirme Peter Pan o Michal Jackson. Las computadoras del café internet de los juegos son las más rápidas y sus monitores son pantallas de plasma, aparte tienen una excelente conexión y unos audífonos fantásticos que subutilizo. Mientras los demás los usan para comunicarse en idioma geek con un coreano, yo sólo escucho música. Muy anticuado.

No hay cafés internet para un hombre de 24 años, con audífonos modernos y buena conexión pero sin procesadores gráficos avanzados, ni miradas de niños que te ven anciano. Me encuentro a la mitad de dos mundos opuestos: el planeta de los treintañeros que entran a un café internet sólo para editar su documento de Word, que no les importa hacerlo en Windows 95 y que no saben cómo hacer que la computadora tenga música y el mundo de adolescentes que sólo van a apretar sistemáticamente una o dos teclas y cuya vida gira en torno a subir en el ranking de jugadores online.

No voy a malparidear sobre cómo la sociedad va perdiendo sus valores, cómo los niños interactúan sólo frente a un televisor o un largo etcétera. Hace menos de veinte años a muchos adolescentes los acusaban de ser adictos al teléfono. El mejor amigo o amiga era aquel con quien podías platicar largas horas después de verlo todo el día en la escuela. Todavía cuando iba en la prepa, así se construían los noviazgos: con llamadas por teléfono. Hoy no conozco a nadie que hable cientos de minutos por teléfono o celular (exceptuando cuestiones laborales), pero sí conozco a decenas de personas que actualizan su status en facebook todas las veces que puedan (yo incluido). Ni el teléfono ni facebook son problemas. Son sólo una manera de expresar nuestra necesidad de sentirnos acompañados, sea por una voz o un tag.

Hace unas semanas compré un libro que me hizo sentir algo viejo, pero que tenía un buen estilo. El nombre es Por favor, rebobinar, del chileno Alberto Fuguet. Su compra fue singular. Estaba buscando qué adquirir en una librería. En la primer pre selección había tomado cinco libros con anteportadas fascinantes. De ellos, tres eran de Fuguet, un autor que jamás había leído. Comprar tres libros que por azar eran del mismo autor podría ser un buen indicio, pero también era arriesgado. Podía llevarme tres decepciones de un autor que sólo tuviera excelentes historias o fabulosas contraportadas. Sólo para probarlo, me llevé Por favor, rebobinar.

Fuguet tiene una gran prosa. Su mérito es hacer una novela coral muy arriesgada mezclando varios géneros. El primer capítulo es la autobiografía de un personaje; el segundo una columna de periódico; el cuarto una entrevista; otro una crónica, etc. Algo muy complejo y muy difícil de ejecutar. El primer capítulo es una gran joya de la literatura. Los demás son irregulares. Sin embargo, debo confesar que hace mucho no me cautivaba tanto un autor.

Fuguet comete un error capital en su novela. No me consta que lo repita en todas sus obras, pero por lo que he leído lo hace sistemáticamente. Su texto es imposible de exportar. Escribe todo en chileno, utilizando palabras que sólo se usan acá, algunas inentendibles para un hispanoparlante de cualquier otro lugar, incluido un mexicano con cuatro meses viviendo en Santiago . También juega mucho con aspectos de la ciudad de Santiago en partes innecesarias. Algunos de sus chilenismos y referencias a la ciudad son forzados y por partes pareciera que trata de colocar más a Chile en el centro del mundo que colocar a su personaje en el centro de su historia.

Wikipedia dice que Fuguet se ha opuesto al realismo mágico por considerar que América Latina es más que "tucanes parlantes y abuelitas volando", una crítica voraz pero válida en una región del mundo donde los pobres y la clase media ven mundos distintos. También menciona sobre un compendio de cuentos que coordinó llamado McOndo. El título es otra crítica voraz que podría generalizarse a otros escritores de su generación: fantásticas historias latinas en un mundo capitalista donde todos admiran al gabacho y hablan espanglish.

La novela de Fuguet logra que un amante del realismo mágico como yo, disfrute una novela sumamente realista que hace todo lo contrario. Utiliza muchas referencias de cine gringo de los ochentas para atrás, con personajes, planteamientos y desenlaces; también juega con muchos conceptos que seguro mi hermana siete años menor no entendería por nunca haber utilizado BETA (como “arregló el tracking”) y le da un papel interesante a la tecnología. El libro hasta me ha enseñado un poco de cine.

Xavier Velasco tiene un estilo similar. En sus textos hace infinidad de referencias al rock de los ochentas e incluso algunos de sus diálogos son sólo el protagonista tarareando una canción famosa en esa época. Al igual que con las películas de Fuguet, Velasco me hizo buscar algunas canciones que sólo había escuchado en VH1 o en algún podcast de Olallo Rubio (el ex conductor de Radio Activo). Sabía que las había oído alguna vez, pero no me sabía los nombres.

De plano ahora ya me siento más viejo. Un libro que habla de las BETA y me trae nostalgia me recuerda que soy un anciano. Trataré de frecuentar ahora la Plaza de Armas de Santiago, donde a diario se reúnen viejitos a jugar ajedrez. También voy a tratar de leer lo más que pueda en estos días. Si los niños que juegan en el café internet junto a mí se hacen escritores, después no entenderé ni pío sobre sus Kudos, power arms o hechizos. Tendré que dejar de leer o enterarme de lo que hablan hoy, veinte años después.

La verdad ni Fuguet, ni los niños del café internet me hacen sentir más viejo. Creo era sólo la sensación de que mi cumpleaños se acercaba.