sábado, 23 de enero de 2010

El Columnista 220110


Mi colaboración de ayer en El Columnista. En el informe del gobernador de Puebla el número de alumnos es menor a la cantidad de becas otorgadas. ______________________________

Señales en el camino

Un mal informe con más becas que alumnos

En una democracia plena los informes de gobierno serían un gran mecanismo de rendición de cuentas. Una vez al año el gobernante en turno presentaría por qué la entidad o el país son mejores que el año anterior. Sin embargo, en México los informes se han convertido en instrumentos de presunción, donde el informador sólo hace gala de su poder.

En el Reino Unido periódicamente el Primer Ministro acude al Parlamento a debatir sobre algún tema específico. Las discusiones y debates son intensos. Cada uno de los ministros destroza las ideas y políticas del gobernante, poniendo su gestión al escrutinio público. El Primer Ministro debe defenderse argumentado las razones por las que tomó determinadas decisiones. Al final, el triunfador es aquel que tiene los mejores argumentos.

Lamentablemente, en los informes de gobierno mexicanos se grita o se guarda silencio, pero no se discute ni se analiza. Muchos diputados federales de oposición no entendieron que la mejor fórmula para dejar en ridículo al presidente era exhibir los errores con argumentos e información verídica. En su lugar, prefirieron vestirse de payasos, llevar mantas y gritar consignas. No debatieron como en el Reino Unido, sino que prefirieron hablar solos.

La semana pasada el gobernador del Estado rindió su quinto informe de gobierno. Si bien no hubo payasos en el Congreso, los mudos desaprovecharon la oportunidad de exhibir las fallas. Los medios se encargaron de escribir sobre los mensajes, las claves, los invitados y la trascendencia del evento. Sin embargo, no he encontrado ningún análisis sobre el contenido mismo del informe. En lugar de evaluar la gestión del gobernador por lo que él mismo declara que ha hecho, las críticas se han enfocado en el color de su corbata, el orden de sus invitados o las mantas afuera del Congreso.

El V informe del gobernador está disponible en Internet. Esto es una buena señal, ya que permite a cualquier ciudadano revisarlo sin hacer grandes filas ni presentarse en una oficina de gobierno. La presentación es amigable, aunque su orden deja mucho que desear. Está dividido en cinco ejes de gestión, los cuales se traslapan entre sí y provocan que el reporte de algunas acciones se repita en varias ocasiones. El informe cuenta con 472 páginas.

A pesar de estar en Internet, el informe estuvo pensado para que nadie lo leyera. La extensión es ridícula y algunos términos abstractos como calidad de vida o justicia se repiten hasta tres veces en un mismo párrafo y veinte en una misma página.

Si la información que apareciera en el Informe fuera valiosa o al menos estuviera bien ordenada, no importaría que tuviera mil o tres mil páginas. Sin embargo, el Informe casi reporta hasta el clip que sujetó la hoja en la que se estampó una firma para empezar un programa. Se informa, por ejemplo, que los funcionarios realizaron mil 74 visitas para atender peticiones en el interior del estado; que se apostillaron 7 mil documentos; que se realizó un evento conmemorativo del Día de Reyes Magos con globos y un desfile; que se imprimieron 10 mil trípticos y se enviaron cientos de correos electrónicos para promocionar una feria; que se crearon varios edificios y se remodelaron instalaciones para combatir el crimen, o que se adquirieron 100 ejemplares y 10 discos compactos de un libro que promueve la equidad de género. El texto menciona sólo los productos y no los resultados agregados de todas las acciones de gobierno.

El informe omite mencionar si la remodelación de los edificios redujo el crimen, si las peticiones fueron atendidas o cuestiones aún más relevantes sobre el desempeño gubernamental. El punto central de un buen debate democrático sería no sólo si los trípticos, los libros, el desfile y los globos fueron adquiridos o realizados, sino si el procedimiento fue el idóneo, tanto en costo como en beneficio para la sociedad. ¿El precio que paga el gobierno por los trípticos o es mejor que el pagado en otros estados por el mismo servicio? ¿Los libros fueron consultados por quienes los compraron? ¿Nuestros funcionarios están mejor preparados que en Chiapas o Veracruz? Ninguna de las preguntas relevantes es contestada.

El desorden dificulta sólo buscar algún dato específico para la evaluación. El eje 3 de Competitividad y Progreso, por ejemplo, mezcla el apoyo al campo con el mantenimiento a carreteras y el presupuesto de la Secretaría de Finanzas. Los temas no son excluyentes entre sí pero les falta un hilo conductor.

Por otra parte, algunas acciones se presentan como grandes logros, pero al no estar contextualizadas es imposible evaluar si se realizó un buen trabajo. Por ejemplo, ese mismo apartado dice: “generamos las condiciones necesarias para atraer inversiones privadas por 4 mil 497 millones de pesos (…) las cuales generaron 3 mil 213 empleos”. El dato por si mismo es insuficiente, ya que no se establece si hubo un avance o retroceso en el monto de la inversión.

Lo más preocupante es que algunas cifras no cuadran, como en el reporte de los pisos firmes. Un párrafo dice que se realizaron: “20 mil 409 acciones de piso y 12 mil 633 de techo en 132 municipios”. Sin embargo, más abajo se reporta que se construyeron “153 mil 954 Pisos Dignos (…) con una inversión de 262 millones 252 mil pesos”. Entre 20 mil y 153 mil hay una gran diferencia que debería ser explicada de manera puntual.

El dato inconsistente más preocupante aparece en la parte de educación. El informe reporta que se otorgaron 2 millones 312 mil becas en Puebla durante el año pasado. Sin embargo, de acuerdo con la Secretaría de Educación Pública federal, al inicio del ciclo 2007-2008 en todo el estado había sólo 1 millón 790 mil alumnos inscritos, desde el nivel preescolar hasta posgrados. El número de becas otorgadas sobrepasa la cantidad de estudiantes del Estado en escuelas públicas y privadas por casi medio millón de personas, doce veces el Estadio Cuauhtémoc lleno.

Existen varias posibles explicaciones ante el hecho de que hay más becas que alumnos: 1) todos los estudiantes poblanos -desde primero de kínder hasta posgrado- cuentan con una beca e incluso a algunos tienen dos o tres; 2) las cifras están infladas para decir que un secretario hizo más de lo que realmente trabajó; 3) existe corrupción y el dinero de ciertas becas termina en el bolsillo de algún funcionario ó 4) hubo un error al momento de reportar los datos. Ante la inexistencia de un padrón de beneficiarios y otros mecanismos más importantes de rendición de cuentas que el mismo Informe, no puede comprobarse la realidad o falsedad de cualquiera de estas hipótesis.

El dilema más grave de estas diferencias quizás no sea que las cifras no cuadren, sino que ni los ciudadanos, ni los medios, ni la oposición se han dado cuenta de que el informe es incompleto y que en Puebla existen más becados que estudiantes.



domingo, 17 de enero de 2010

El Columnista 15012010


Mi colaboración de ayer en el periódico El Columnista

Señales en el camino

Mucho riesgo nula información

Durante la época de mayor alarma por las exhalaciones de ceniza del Popocatépetl, perdíamos muchas horas de clase en simulacros. No era para menos. El volcán y su ceniza eran casi omnipresentes. En las mañanas acostumbrábamos dejar las mochilas en el lugar donde nos tocaba formarnos para entrar a clases. En menos de diez minutos, las mochilas estaban cubiertas por una blanca ceniza. Los poblanos estamos acostumbrados a vivir rodeados de eventuales tragedias, desde muy pequeños sabemos que en esta zona la tierra se mueve y un volcán nos vigila.

Esta semana el mundo se conmocionó por un terremoto en el país más pobre de la región. Haití ha sido casi desde su fundación un territorio con recursos, infraestructura y gobiernos muy pobres. Mario Vargas Llosa en La Fiesta del Chivo habla sobre el dictador Rafael Trujillo de República Dominicana, país vecino de Haití. Cada vez que menciona a este último territorio, refiere –sin ningún afán de alabanza- que gracias a Trujillo, Dominicana no es más la isla llena de pobreza y sin futuro que desde siempre ha sido Haití.

Aún no existe un cálculo específico para el número de muertes ocasionadas por el terremoto en Haití. La tragedia aparte de humana es económica y hasta simbólica. En minutos algunos de sus edificios más emblemáticos desaparecieron. Como si mañana la Catedral, los Fuertes de Loreto y Guadalupe o el Estadio fueran destrozados por un sismo. A pesar de que la ciencia aún no puede prever con exactitud y tiempo de antelación el lugar e instante en que ocurrirá un sismo, sí existen medidas que permiten reducir al mínimo los daños.

Desde hace varios sexenios México ha sido ejemplo en cuestiones de protección civil. Después del terremoto de 1986 se creó el Sistema Nacional de Protección Civil, el cual permite brindar apoyo inmediato ante desastres, no sólo en cuestión logística sino también para permitir una rápida recuperación económica. El Fondo de Desastres Naturales (FONDEN) opera para facilitar esta recuperación después de sismos, erupciones volcánicas, deslaves, lluvias, huracanes o maremotos.

En nuestro estado, los últimos años los desastres naturales han causado mayores estragos en el interior. En 2005 Segob emitió declaratorias de emergencia en 28 municipios poblanos que se vieron afectados por las lluvias provocadas por el huracán Stan, mientras en 2007 hubo declaraciones similares por el Huracán Dean en 74 municipios. Si bien todo ha vuelto a la normalidad después de la tragedia, aún queda la duda de si los estragos pudieron ser menores.

El gobierno estatal presenta nula información a los poblanos en materia de Protección civil. No es posible encontrar referencias en línea sobre los lugares de mayor riesgo ni sobre las medidas se pueden tomar ante alguna emergencia. En cambio en otras entidades como Veracruz, Yucatán y el DF existen Secretarías de Protección Civil.

En Puebla, la página del Gobierno del Estado sobre este tema fue actualizada por última vez en junio de 2009, como si la temporada de frío que tenemos actualmente no tuviera el potencial de cobrar vidas. La poca información que contiene el sitio es, en el mejor de los casos, incompleta. En el apartado: Protección Civil infantil aparece una liga que seguramente no le servirá a ningún niño poblano: "Alerta, maremoto, tsunami". Aunque el link no lleva a ningún lado, el riesgo de un tsunami en un estado donde no hay mar parece una burla. Esa misma sección contiene un documento poco didáctico y con términos que pocos niños pueden entender como antrópico o multisectorial. Por último, aparecen tres links de organismos de otros estados, que no son ni los más cercanos ni los que cuentan con información más actualizada: Baja California, Yucatán y Sonora. Pareciera que la información en el sitio es sólo para poner algo y no para incluir material que pueda salvar vidas.

Un factor indispensable para que las medidas de protección sean eficaces es la participación de los ciudadanos, la cual requiere de información detallada no sólo sobre cómo actuar ante una emergencia sino también sobre los factores de riesgos. La Ley del Sistema Estatal de Protección Civil contempla la realización y actualización del Atlas de Riesgos del Estado. Por otra parte, el Plan Estatal de Desarrollo de esta administración puso como la primera de sus líneas de acción en el apartado de Protección civil: “Elaborar el Atlas de Riesgos en el estado”. El interés es mucho, aunque sólo a través de palabras.

Durante el año pasado varias veces se anunció que se estaba trabajando en la elaboración de un Atlas de Riesgos. Incluso de acuerdo al Segundo Informe de Gobierno (de hace tres años), a esa fecha se habían elaborado "cuatro Atlas de Riesgos de las regiones Norte, Nororiental, Serdán, y Tehuacán y Sierra Negra". En la página de Internet del Fondo de Prevención de Desastres Naturales de la SEGOB federal aparece que en 2008, el Servicio Geológico Mexicano recibió 4 millones 600 mil pesos para la elaboración de un Atlas de Peligros del Estado de Puebla. Sin embargo, dicho Atlas no pudo encontrarse ni en los sitios del gobierno del Estado, ni en el Servicio Geológico mexicano, ni en el Sistema Nacional de Protección Civil.

De existir el Atlas, seguramente está en el escritorio de algún funcionario, a pesar de que su difusión puede salvar vidas o evitar tragedias. En ciertos lugares de la Sierra Norte los deslaves no ocurren sólo por las fuertes lluvias, sino también por la deforestación. Un buen Atlas permitiría a todos identificar no sólo que algunas zonas son húmedas, sino las características físicas exactas de cada cerro y la composición de su suelo.

Afortunadamente el caso estatal no permea en toda la región. El municipio de Puebla tiene en su página de Internet un completo Atlas de Riesgos realizado el año pasado. En este se puede encontrar un panorama sobre todas las colonias y sus grados de riesgo ante diversos fenómenos naturales. Por ejemplo, el Atlas permite saber que el suelo del Barrio de Analco está compuesto por depósitos de río y que ello lo sitúa como una zona con peligro muy alto en caso de sismo, mientras que en la Zona Habitacional de La Margarita el riesgo por este fenómeno natural es bajo. Esta información permite eventualmente prever el tipo de construcciones que se pueden realizar, así como da información para que los ciudadanos tomen decisiones al momento de adquirir un patrimonio.

La protección civil necesita de todos los involucrados. Los primeros interesados en salvar la vida son los mismos ciudadanos. Si bien todos estábamos contentos de perder clases por simulacros, esos ensayos eventualmente pudieron salvar varias vidas.Un gobierno que no tiene información sobre los riesgos es ineficaz y un gobierno que tiene la información pero la oculta no demuestra estar preocupado por la vida de sus habitantes.

sábado, 9 de enero de 2010

El Columnista 080110


Después de unas semanas de descanso, esta es mi colaboración de ayer en el periódico El Columnista
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Señales en el camino


Mucha policía local poco capacitada


Antes de entrar a la universidad pertenecí por varios años a un grupo misionero. Durante las temporadas vacacionales vivía una semana en comunidades con alto grado de marginación. En ocasiones regreso para saludar o festejar. Los años no han evitado que varios compañeros hayamos sido invitados a bodas, bautizos o graduaciones de la misma gente del pueblo.

En una ocasión, me encontré a uno de los novios de la primera boda a la que fui invitado. Estaba en la cabecera del municipio y ya no iba vestido de traje para casarse con la mujer de su vida. La cosecha había bajado drásticamente en la comunidad y el campo no alcanzaba para mantener a su nueva y agrandada familia. Me platicó que un día fue al palacio municipal a pedir ayuda. Vieron que era fuerte y un poco más alto que el promedio de la región, por lo que le dieron un arma y lo nombraron uno de los cuatro policías que cuidarían el municipio.

La mayoría de los niños juegan a ser policías para combatir al crimen. Sin embargo, en la vida real mexicana, la policía es un camino para salir de la pobreza. La pertenencia a los cuerpos de seguridad no es un reflejo del anhelo de una sociedad más justa, sino un mecanismo de movilidad social para aquellos a los que el Estado no pudo educar ni darles oportunidades.

En México cada nivel de gobierno cuenta con un cuerpo de seguridad independiente enfocado en combatir determinados tipos de delitos. La guerra contra el narcotráfico ha traído consigo acusaciones del gobierno federal a los municipios sobre la poca profesionalización de sus cuerpos de seguridad. Critican la contratación de policías sólo por ser fuertes y sin tener capacitación.

El año pasado el gobierno federal propuso desaparecer las policías municipales e integrar sus funciones a la policía estatal, como un primer paso para establecer una única policía nacional. Una propuesta tentadora que daría fluidez al combate a la delincuencia en todos los niveles y que vino acompañada de datos preocupantes sobre las policías municipales. Casi por cualquier ángulo que se les vea, son entes con muchas atribuciones pero con una escasa capacidad de acción.

De acuerdo con la Secretaría de Seguridad Pública federal en todo el país hay dos mil 90 cuerpos policiacos con 410 mil policías. De este total, 159 mil pertenecen a una de las 2 mil 22 policías municipales. Si recordamos que en México hay 2 mil 439 municipios, existen 417 ayuntamientos que no tienen policías. Un gobierno sin instrumentos para garantizar seguridad difícilmente sería considerado gobierno en otro lugar del mundo.

En cuanto al nivel educativo, más de tres mil policías municipales no terminaron la primaria y sólo una cuarta parte concluyó el bachillerato. El problema no se solucionará cuando haya licenciados que quieran convertirse en policías, sino cuando los que ingresen a los cuerpos de seguridad realicen estudios de nivel superior ahí mismo.

El número de efectivos por municipio es otro problema. De acuerdo con la misma Secretaría la mitad de los ayuntamientos tienen menos de 20 policías en su plantilla. No existe en las policías municipales un número de elementos acorde con la cantidad de población o las tasas de delincuencia. Mientras en Puebla se cuenta con 910 agentes, Tlalnepantla o Tijuana tienen más de cinco mil y tres mil respectivamente. En Culiacán, una de las ciudades con mayores tasas de violencia hay 898 policías y en Nuevo Laredo 833. El aumento en el número de efectivos es más una propaganda que una verdadera necesidad de elementos.

Por otra parte, la policía tiene un grave problema de confianza entre la población. De acuerdo con la Encuesta de Cultura Política y Prácticas Ciudadanas de 2008, sólo 8% de los mexicanos confían mucho en la policía. En contraparte, más del 60% de los ciudadanos confían poco o nada. La corrupción de las corporaciones es quizás el principal problema. En septiembre del 2009, más del 90% de los elementos de seguridad detenidos por tener nexos con el narcotráfico eran parte de las policías municipales.

Una solución utilizada comúnmente para combatir la corrupción es aumentar el salario de los policías. Entre los efectivos municipales, poco más del 60% gana menos de cuatro mil pesos al mes. Si bien el salario no genera por sí mismo honestidad, sí incide en el grado de corrupción.

Para el estado de Puebla, según el Sistema Nacional de Seguridad Pública hay 16 mil policías en todo el estado y somos la entidad con más policías sin escolaridad con 700, mientras que en Baja California o Campeche la cifra es inferior a diez. En el municipio de Puebla recientemente se ha dotado de más capacitación y mejor equipo para los policías. Un gran avance, aunque según el tabulador de ingresos en su sitio web, un policía municipal gana entre 5 mil y 7 mil pesos al mes, lo cual lo hace sumamente vulnerable a la corrupción.

En octubre del año pasado, el Instituto Mexicano de la Competitividad y el periódico Reforma hicieron un sondeo entre gobernadores para conocer su opinión sobre la creación de una policía nacional. Entre los 23 entrevistados que respondieron, 6 se mostraron a favor de crear una policía nacional y 17 en contra. Podría pensarse que es una cuestión meramente partidista, pero mientras Veracruz y Nuevo León (priistas) respondieron estar a favor, los gobernadores de Guanajuato y Jalisco (panistas) se manifestaron en contra. La mayoría de los entrevistados consideraron mejor sólo aglutinar las policías municipales en las 32 policías estatales.

Sin embargo, los presidentes municipales que han sido cuestionados se oponen tajantemente. Los argumentos van desde la inconstitucionalidad de la propuesta o la vulneración a la autonomía hasta la diferencia sustancial de comportamiento entre regiones, como si los que viven en Cholula fueran completamente distintos a los que viven en Atlixco.

Las policías municipales son los organismos de seguridad más cercanos a la población, mas son también los menos preparados y los que menos ganan. En lugar de contar con grandes academias de policía, los municipios contratan al primer hijo de vecino que llega a pedir trabajo, se ve más alto que los demás y es fuerte. No hay incentivos para desarrollar una carrera policial ni todos cuentan con una capacitación mínima. Los ayuntamientos de Puebla o Tehuacán seguramente pueden capacitar eficazmente a sus uniformados y dotarlos de las herramientas adecuadas para brindar seguridad. Sin embargo, el problema ocurre en los municipios más pobres.

A pesar de que la centralización de la policía es una buena idea parece inviable. Una buena medida que podría ejecutarse desde el gobierno del Estado es brindar un curso único para los policías de todos los municipios de Puebla. Ayudaría a que si me llego a encontrar a un viejo conocido disfrazado de policía, al menos me diga con orgullo que entró a trabajar ahí para garantizar la seguridad de su municipio y un país más justo.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Peruanos y aerolíneas

Una de las frases que más dicen los chilenos es un prefijo: “Yo no tengo nada contra los peruanos, pero…”. Todas las ocasiones en que oí a alguien pronunciarla, fue para introducir una queja sobre los inmigrantes de su país vecino. Una zona del barrio en el que vivo cuenta con una gran comunidad peruana. Una vecina después de decir el prefacio para quejarse me platicó: “se emborrachan, se pelean entre ellos y ni van a misa, lo bueno es que de todos los vecinos peruanos que tengo, ninguno nos saluda”.

Los peruanos en Chile, al igual que los mexicanos en E.E. U.U., los turcos en Alemania o los indígenas mexicanos en la Ciudad de México sufren de una discriminación que la mayoría de las personas educadas no se atreven a escupir, aunque casi todos las piensan.

No me desgarraré las vestiduras por la discriminación. Incluso me parece normal. El migrante peruano que llega a Chile no tiene ganas de saber nada del nuevo país al que llega. No escogió emigrar a este lugar, sino debió venir porque no tiene para ir a otro lado y quedarse en la miseria de su país no es una buena opción. Su lugar de origen no le generó las suficientes oportunidades para trabajar cerca de su casa. En los casos en que su nuevo hogar es sólo un lugar de paso, no tiene pena en ensuciarlo. Los vecinos que aman su comunidad evidentemente sentirán rechazo por los que acaban de llegar.

Lamentablemente muchos de los que emigran no entienden que ya no están en su hogar. Desprecian el nuevo territorio, le escupen cada vez que pueden y orinan en sus árboles. Una reacción circular, donde si me chingas por ser emigrante te chingo por no serlo y así hasta el infinito.

La mayor acusación que he escuchado contra los peruanos fue de un taxista, quien los culpaba de terminar con las palomas de la Plaza de Armas. “Son salvajes, se las comen”. El señor no reparó en que quizás no tenían que comer, aunque sí acotó al principio que no tenía nada contra los peruanos.

Escandinavia es una de las zonas donde la discriminación se nota menos. Durante el tiempo que viví en Finlandia, en los bares, cafeterías, restaurantes y parques nunca sentí que alguien me viera feo por ser menos güerito que un finlandés. Sin embargo, la última semana que estuve en Helsinki, una conversación me hizo pensar que esa sociedad democrática, incluyente y amable al final quizás no lo era tanto.

El interlocutor era un hijo de rusos. Nos hizo reflexionar sobre lo primero que te dice un finlandés cuando empieza a platicar contigo. El prefacio no es una disculpa sobre que no tienen nada contra los mexicanos, latinos o rusos. Sistemáticamente en cualquier charla, toda la gente te pregunta, antes de tu nombre o lugar de origen, qué haces en Finlandia y hasta cuándo regresas a tu país. Según el ruso, si un día le hubiéramos dicho a un finlandés que estábamos buscando trabajo y que no sabíamos cuándo regresar, nos habrían dejado hablando solos. Ya no tuve mucho tiempo para confirmar su hipótesis, pero no me parece descartable.

Ese invierno finlandés me hizo fanático de South Park. Un mexicano en medio de la nieve con una laptop no tiene muchas opciones aparte de hacerse adicto a una serie. En cuanto abres la puerta de tu casa las nevadas te invitan amablemente a regresar. Los parques y las calles están vacíos. La única alternativa a quedarte en tu casa es encerrarte en otro lugar. Con pocos amigos y ahorrando mucho dinero, las opciones se reducían exponencialmente. En ese país, el internet venía incluido en la renta por lo que el Messenger era gratuito. South Park aún no, pero Ares lo pagaba por ti.

South Park nunca le gustó a mi mujer. Le parecía ofensivo, degradante y sobre todo, muy grosero. No entendía por qué debían usar la palabra mierda e hijo de puta tantas veces. Desde que lo comenzamos a ver en inglés el programa le parece incluso educativo. Durante la estancia en Santiago vimos muchos capítulos, los cuales ya están disponibles gratuitamente en internet.

En Finlandia vi casi todas las temporadas. La serie de los niños mentándose la madre me hizo un poco más tolerante. En ciertos capítulos se burlan de lo que soy. Debí entender que si me río de los judíos, los blancos republicanos, los afganos o los franceses, también algún judío, blanco republicano, afgano o francés podía reírse de un mexicano católico al que le gustaba dormir.

A pesar de parecer tan banal, el humor de South Park tiene aires de intelectual. Algunas situaciones las llevan tan al ridículo que parecen absurdas, pero en el absurdo se encuentra la razón. Durante la mayoría de los capítulos los adultos no ven el trasfondo del problema por pensar sólo en lo que les conviene. La mejor respuesta casi siempre la tienen los niños. .

Un capítulo de South Park habla sobre la migración. En el ridículo de este capítulo, unos seres del futuro (goobacks, en referencia a wetback) encuentran un pasaje para regresar en el tiempo. Su mundo está destruido y sólo regresan para buscar una vida mejor. Conforme pasa el tiempo, traen consigo a más y más gente. Los goobacks hablan un idioma diferente y están dispuestos a recibir un salario ridículo con tal de trabajar. La mayoría de los adultos de South Park son tolerantes con los visitantes hasta que empiezan a perder sus trabajos. La solución que se les ocurre es terminar el futuro dejando de tener relaciones heterosexuales para tener sexo con los hombres. Sin duda el resultado sería que las nuevas generaciones no existieran y se lograría el anhelado resultado. Los niños proponen otra opción: mejorar el mundo de hoy para que en el futuro no tengan que regresar. Demasiado obvio pero también ejemplificativo.

Conforme pasa el tiempo, más me acuerdo de las lecciones de South Park. Una semana antes de regresar de Santiago hablé a la aerolínea para confirmar nuestro vuelo, que saldría en la madrugada del domingo. Me avisaron que nuestro vuelo había sido cancelado y nos habían recorrido para el vuelo del lunes en la mañana. Después de una ardua negociación y mucho llanto de mi mujer porque iba a faltar a una comida familiar, nos cambiaron el vuelo para la madrugada del sábado. Veinticuatro horas menos de luna de miel por una aerolínea.

Esta es la tercera vez que he tenido un problema así. Para alguien que no viaja en avión más de dos veces al año me parece que he tenido mala suerte o que todas tienen un pésimo servicio. En el viaje a Buenos Aires adquirimos una promoción en una agencia de viajes. Si viajábamos por la Aerolínea X el paquete costaba 2 pesos. Buscaron y buscaron y no encontraron lugar para nosotros. Nos mandaron por la aerolínea Y a 3.50, con la ventaja de salir unas horas antes. El día de la salida, la aerolínea Y canceló su vuelo y abrió un espacio para nosotros en la aerolínea X. Viajamos por la compañía donde costaba más barato, en un peor horario pero pagando por la aerolínea cara.

El primer dolor de cabeza lo tuve al regresar de Europa. Mi itinerario era Berlin-Amsterdam-México. La aerolínea había cambiado el horario de salida del Amsterdam-México y no me daba tiempo de llegar. Debía quedarme una noche en Amsterdam, pagando yo el hotel. Después de una hora de gritos y discusión me hicieron el cambio para llegar ese mismo día por otra ruta.

Comprendo los errores humanos y que no todo puede preverse. También que muchas cosas se hacen por seguridad y cosas imprevisibles como el clima, las distancias y un largo etcétera. Sin embargo, lo que más me enerva de las aerolíneas es la manera en que se hacen de los recursos.

Creo que los pasajes de avión son el único bien en que para fijar su precio especulan abiertamente. Quizás la gasolina en la mayoría de los países también tiene varía sus precios a diario, pero una vez adquirido el líquido, ya nadie te puede vaciar el tanque -a menos que tenga un arma de fuego-. Las aerolíneas fijan sus precios de acuerdo a la especulación y por ese mismo motivo te pueden cambiar de vuelo. El mayor de los abusos contra el consumidor.

Las promociones se usan para mejorar el precio fijo de un bien. En los boletos de avión el mundo es al revés. Un vuelo México- Ottawa no tiene un precio fijo, excepto cuando hay promociones. Unas amigas pasaron a vernos a Santiago, iban a Sao Paolo y pagaron 450 dólares por su vuelo redondo desde la Ciudad de México con una escala en Chile. Ningún chileno al que se lo conté me lo creyó. Los vuelos redondos de Santiago al DF cuestan al menos el doble.

El capítulo en que South Park habla sobre las aerolíneas es la mejor ejemplificación de lo que ellas producen. El profesor homosexual del pueblito se harta del trato que le dan las aerolíneas e inventa un medio de transporte alternativo terrestre. Es una especie de bicicleta, la cual para accionarla debes introducirte un artefacto en el ano y otro en la boca. Las manijas son penes que se accionan masturbándolos. Cada vez que cualquier comprador sube a la bicicleta, se extraña del mecanismo de operación. El profesor siempre les responde: “es mejor eso que las aerolíneas”. Hasta el más macho de South Park le compra una de sus bicicletas.

No sé cómo se pueda solucionar el problema entre los chilenos y los peruanos. Si South Park fuera sudamericano o pusiera más atención a esta región, seguro tendría más claro el panorama.


domingo, 13 de diciembre de 2009

Libros, futbol y lucha libre

Escribir un libro ha sido el sueño de toda aquel que se crea inteligente. Aparte de traspasar las enseñanzas y elevar el ego, la tinta no acompaña el viaje del alma al cielo ni termina con el cuerpo inerte en el subsuelo. Un libro puede tiene la capacidad de hacerte inmortal.

Sin embargo, no todos pueden escribir libros. Los aspirantes tontos a escritores se imaginan relatando sus memorias. Para ellas no hay que investigar o inventar historias. Al final nadie puede cuestionar la veracidad de la propia vida. Lo único difícil, quizás, es tener una vida tan interesante como para que otras personas quieran saber qué hiciste de ella.

Cuando su cuerpo aún se movía, los hoy inmortales escribían grandes libros de medicina, ciencias o política. Sin embargo, la tradición de hacer tratados se está jubilando en casi todas las áreas, prefiriéndose escribir un paper en un journal que un libro entero.

Una de las áreas en la que los libros aún son más fuertes que los journals es la Historia. Los grandes historiadores casi siempre escriben miles de páginas para presentar su trabajo. Si me pusiera a describir el cuarto en el que me encuentro de una manera detallada, mi blog sería aún más aburrido y ocuparía al menos 15 páginas. Cuando no se describe un cuarto sino una revolución o una guerra con miles de personajes y posibles explicaciones, más de 400 páginas parecen no sólo necesarias sino justas.

Hace unos años leí Yo, el francés de Jean Meyer. Lo compré sólo porque me había dado clases, no porque me interesara el tema. Debo confesar que ni siquiera sabía de qué trataba. El libro estudia la intervención francesa en México, por medio de la vida de los generales de un grado más abajo al que normalmente los historiadores ponían atención. En términos actuales, en lugar de observar lo que dijo o hizo el presidente y los secretarios, también considera los dichos y acciones de los subsecretarios. Hasta hace unos días, no había vuelto a comprar un libro tan específico sobre Historia.

La semana pasada visité el país más futbolero en que he estado: Argentina. Imaginaba la desbordada pasión. El sistema de cable chileno tiene canales deportivos argentinos y he visto varios debates ridículos e interminables sobre futbol. En una ocasión, un comentarista indignado argumentó por más de media hora que gracias a la prensa, Argentina había ganado el mundial del 86. Expuso que muchos diarios iniciaron un debate para que la selección cambiara su sistema de tres pivotes y cobertura por zonas que usó en España 82, al de sólo dos pivotes y cobertura mixta. El mayor absurdo del egocentrismo periodístico.

Mucha de la vida argentina gira en torno a un baloncito. A pesar de tener una historia ganadora, su afición depende menos del resultado que en México. Los argentinos buscan no sólo saber quién ganó, sino tratan de explicarlo con base en planteamientos tácticos elaborados, jugadas que nadie ve y analizan no sólo los goles, sino los que pudieron ser. El otro día le preguntaban a un juvenil del River qué era lo que más recordaba de algún clásico contra Boca. Estoy seguro que un mexicano chiva habría respondido que el 5-0 del 97. El juvenil argentino no mencionó marcadores ni partidos, sino una sola jugada: el túnel de Ortega. Una graciosada aislada vale más que tres puntos y una humillación legendaria.

El día en que regresábamos los noticiarios hicieron enlaces especiales por las elecciones. Ese día los XXX socios de River Plate debían ir a las urnas para elegir a su presidente. El canal que sintonizaba el restaurant del aeropuerto hacía escenarios basándose en encuestas, perfiles de los candidatos y una proyección de lo que podría ser el club bajo la batuta del nuevo líder. Mucho tiempo aire para un ejercicio que en México se logra a billetazos, no con democracia.

Aparte de vivir y votar más el futbol, también se lee más sobre él. El único autor mexicano que dedica parte de su tinta al futbol es Juan Villoro. Villoro tiene un blog y escribe cuentos o crónicas que pueden hacer llorar a cualquier fanático. Él escribe de fútbol como argentino pero lo hace con las losas de una nacionalidad azteca que en ese deporte nomás no gana nada. En las librerías mexicanas es difícil encontrar sus cuentos sobre futbol. Si se omite nuestro talento nacional, el extranjero se ningunea. Varias veces he buscado libros sobre futbol que no sean guías de superación disfrazadas de biografías de un entrenador. Siempre he fracasado. Quizás el problema sea mi banalidad. Entre tantos temas relevantes de la ciencia o la política, muchos verían suntuario escribir sobre fútbol. Quizás por eso no exista un journal sobre este deporte.

En una librería de Buenos Aires, pregunté a la tendera si tenía libros de futbol. Me respondió con tristeza: “No muchos, sólo estos”, al tiempo que me señaló con vergüenza un estante completo con al menos diez títulos. Acotó: “Pero ninguno es de táctica”. Compré uno de Fontanarrosa (el autor de Boogie el Aceitoso) y le pregunté por el más popular. Me dio un libro llamado: “El nacimiento de una pasión, historia de los clubes de fútbol”, de un periodista argentino.

El libro del periodista estudia la historia de al menos 50 clubes de barrio. Toma en cuenta a los equipos grandes y a muchos que nacieron en 1902 o en 1895 pero que siempre han jugado en tercera división. El libro es más parecido a Yo, el Francés que a un texto de Villoro. De hecho es más bien una investigación, en la que el autor encuentra que hasta la historia de los clubes más modestos ha sido truqueada. Por ejemplo, el club Huracán dice haber sido nombrado así en honor a un globo aerostático. Sin embargo, el club fue fundado en 1908 y el primer vuelo de ese globo ocurrió en 1909. Otro caso es que algunos clubes han ido cambiando la fecha de su fundación para hacerse más viejos, como si la vejez diera grandeza.

¿Vale la pena invertir tiempo en saber si el San Lorenzo fue fundado por ocho o por nueve personas? ¿Tiene caso dedicarle páginas al club Tigre? ¿Alguien ha escuchado sobre el Club Atlético San Miguel o el Ituzangió? El autor da una excelente respuesta en su primer capítulo.

Los clubes presentados en el libro han vivido en Argentina por más de cien años. Del país al que llegó el jueguito de la pelotita y la portería, ya no queda casi nada ciento treinta años después, sólo la pelotita. Buenos Aires y las provincias han crecido; Perón y su esposa cambiaron la forma de hacer política, fueron expulsados y llegó un régimen militar; emprendieron una ridícula guerra contra el Reino Unido que duró menos de dos semanas; un neoliberal despedazó las empresas públicas, la economía se cayó y al grito de “que se vayan todos”, eligieron a un presidente y luego a su esposa. En todo este frenesí de cambios en las estructuras de poder, el fútbol seguía ahí. En palabras del autor, los clubes de futbol argentino son la única institución vigente e irremplazable de la estructura de ese país.

Estuve pensando si había una pasión similar por algún deporte en México, que despertara tanta pasión que hasta los periodistas se volvieran historiadores y trataran de encontrar hechos que nadie vio. Un profesor en la universidad un día nos contó que había ido a los Toros con un aspirante a la presidencia de la república. Durante la charla, el aspirante le pidió su opinión sobre el mejor camino para ganarse al pueblo. El profesor le respondió: “debes dejar de ir a los toros y empezar a ir a las luchas”.

Los niños mexicanos no jugamos a hacer túneles ni a ganar el mundial. En las primarias los chamacos hacen llaves y se pelean. El primer poster que pegué en mi cuarto fue uno de Octagón y el Vampiro Canadiense. Tiempo después puse una bandera de las chivas.

Al igual que la investigación futbolística, en México se ha empezado a escarbar los orígenes de la lucha libre. Hace dos años salieron varias ediciones de una Enciclopedia de las Máscaras y el número de publicaciones sobre este deporte duplican las que hay sobre futbol, al menos en la ciudad de México. En la lucha libre las historias son aún más difusas, pues no buscan clubes en los que hay actas constitutivas o documentos. La historia luchística se construye con relatos con canciones de juglares o relatos hablados, no con códices escritos en piedras.

Si algún día escribo un libro el primer capítulo tratará sobre por qué no vemos el futbol como los argentinos, el segundo por qué sí vemos con la misma pasión la lucha libre. Aunque si es una novela, bien podría hablar de un joven de padre argentino y madre mexicana, que es futbolista pero en las noches se vuelve luchador.


viernes, 11 de diciembre de 2009

El Columnista 11122009


Mi colaboración en El Columnista del 11 de diciembre de 2009

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Señales en el camino

Muchas travesuras sin castigo

Después de hacer una travesura, los niños siempre prometen no volverlo a hacer. Si bien una picardía inocente no amerita un gran castigo, aquella acción hecha bajo amenaza ocasiona una reprimenda legendaria. Si una madre le dice a su hijo que no se acerque a un balde con agua caliente y el niño se quema, éste recibirá un regaño mientras aún se queja por la quemadura.

Aunque a los hijos se les perdona todo, las promesas y lágrimas de una novia infiel no surten el mismo efecto y frecuentemente se les castiga con abandono. Un hombre o mujer que han sufrido muchos engaños casi siempre termina por dejar de creer en el amor, hasta que llega alguien más.

Las promesas de campaña mexicanas no reconocen sus errores, ni prometen no volver a cometerlos. Todo se centra en el futuro, como si en el pasado nada hubiera estado mal. Los candidatos juegan a ser hombres y mujeres maduros, sin cargos de conciencia, travesuras ni infidelidades.

Al igual que en las historias de novias infieles, las promesas incumplidas disminuyen la confianza en los políticos. Se duda de ellos y se piensa que no son sinceros y que actúan sólo por su bienestar. De acuerdo con la Encuesta de Cultura Política y Prácticas Ciudadanas de la SEGOB, sólo el 11% de los mexicanos creen que los diputados y senadores toman en cuenta los intereses de la población al elaborar las leyes. Mientras tanto, 7 de cada 10 creen que sólo toman en cuenta sus propios intereses y los de los partidos.

Durante mucho tiempo se han propuesto diversos mecanismos para acercar a los diputados con los electores. Hace dos semanas, el presidente propuso reelegir a presidentes municipales y diputados. La reelección es un tema tabú, ya que a muchos nos tatuaron que la reelección es la peor herramienta que se le puede dar a un político, pues buscará gobernar de por vida.

Desprestigiar la reelección por razones históricas es desconocer la historia de México. Cuando la revolución empezó con el grito de Sufragio Efectivo, No reelección, el dicho maderista sólo buscaba evitar que Díaz continuara siendo presidente. En la Constitución de 1917 la reelección estaba contemplada e incluso Álvaro Obregón fue electo dos veces durante la década de los veintes, antes de ser asesinado. El slogan maderista fue un tatuaje que se colocó después en el imaginario colectivo intentando aplicarlo a toda circunstancia.

La paranoia es justificada. En casi toda Latinoamérica han existido caudillos que intentaron perpetuarse en el poder, por lo que en todos los países se han diseñado mecanismos para acotar la reelección del Ejecutivo. Si bien en países como Venezuela o Colombia la acotación se ha flexibilizado, hoy sólo México y Costa Rica prohíben la reelección inmediata de legisladores.

Los impulsores de la reelección entre diputados se fundamentan en que hoy las candidaturas sólo dependen de las cúpulas, lo cual incentiva a los legisladores a sólo quedar bien con el partido en detrimento de los electores. Con reelección, seguramente menos diputados habrían votado el aumento al IVA y habrían privilegiado mayores medidas de austeridad en el presupuesto. Por otra parte, la reelección traería consigo la profesionalización de los diputados, ya que el Legislativo cuenta con tiempos propios que sólo se dominan con experiencia.

A nivel local quizás la mayor ventaja sea que la carrera parlamentaria podría volverse un verdadero contrapeso al Ejecutivo. Un diputado con más tiempo en el Congreso que el Gobernador podría ser un fiel de la balanza tanto en su partido como de cara a la sociedad. La opinión de la gente pesaría más que la de una sola persona.

Respecto a los presidentes municipales, se argumenta que tienen poco tiempo para emprender proyectos. En un periodo de tres años, los alcaldes dedican el primero a puro aprendizaje, el segundo a ejecutar su programa y el último a cerrar la administración. La actual estructura no permite plantear programas a mediano plazo ni se garantiza la continuidad de los proyectos. Cada tres años los ayuntamientos se reinventan a sí mismos, enterrando los aciertos y los errores.

A pesar de las ventajas, la reelección no es por sí misma un instrumento noble o insustituible. En México existe mucha rotación entre puestos y en algunos casos un candidato ha buscado ser electo nuevamente por el mismo distrito años después. La nueva solicitud del voto no implica que antes se haya alejado de lo dictado por su partido.

Por otra parte, cada vez más los partidos utilizan encuestas para determinar sus candidatos. Si bien estos instrumentos tienen restricciones, de cierta forma expresan la opinión de los ciudadanos. Cada vez más los partidos se arriesgan menos en postular a alguien que parezca que sólo sigue órdenes.

La gente parece no estar tan de acuerdo en la eficacia de la reelección. De acuerdo con una encuesta del Gabinete de Comunicación Estratégica, 42.7% de los consultados creen que los diputados trabajarían igual con la reelección inmediata, 31.2% consideran que lo harían peor y sólo 18.1% creen que trabajarían mejor.

Finalmente, el presupuesto de los alcaldes podría alterar la esencia de la reelección. En gobiernos con tan poca rendición de cuentas, el dinero municipal podría malgastarse en la adquisición de conciencias. Algunos han propuesto que en lugar de permitir la reelección se aumente el periodo a cuatro años, tiempo que tampoco garantiza proyectos a mediano plazo ni acerca a los ciudadanos con los representantes. Una solución amorfa de los que sólo se oponen por oponerse.

Si bien los diputados no tienen tanto presupuesto como para asegurarse una reelección, en Estados Unidos y el Reino Unido al menos 80% de los congresistas logran reelegirse. Esto ha traído consigo que muchos parlamentarios permanezcan veinte o más años en un mismo cargo. Sin duda son políticos profesionales, pero dificultan la entrada de nuevas generaciones.

Necesitamos diputados que conozcan los mecanismos de su ámbito de trabajo y respondan a los electores, así como alcaldes que logren establecer programas de gobierno a mediano plazo. La reelección es un factor indispensable para garantizar una mejor rendición de cuentas y un mejor desempeño, pero no por eso suficiente. Deben fijarse topes máximos de tiempo, así como garantizar mecanismos para castigar el uso de fondos públicos por parte de los alcaldes. Por último, pensar en la reelección sin candidaturas ciudadanas no tendría el efecto esperado. Si cualquier persona debe recurrir a los partidos para ser candidato por primera vez, la obediencia a ellos sería similar, sólo que disfrazada.

La reelección permitiría castigar cada tres años a quien nos haya engañado, sin importar las lágrimas de novia infiel o el llanto de niño travieso que hagan los candidatos. Finalmente tendríamos forma de castigar sus errores o infidelidades.


jueves, 10 de diciembre de 2009

Eliminar el moñito

La semana pasada fui a Argentina. Tomé tantas fotos que el facebook no me ha dejado adjuntar todas aún. Sobre una de las imágenes que más me llamaron la atención escribí en la página de Un2go.

Este es el link:
http://www.un2go.org/home/