jueves, 19 de noviembre de 2009

Vejez por videojuegos o lectura

En los últimos días me he sentido más viejo.

El café Internet que frecuento se llena de adolescentes que van a jugar en red. Algunos me ven con desprecio, pues soy el único que sólo utiliza Word, Excel o Mozilla. Estoy seguro que si tratara de hablar con ellos me discriminarían por no tener tema de conversación. Los últimos juegos de PC que dominé fueron Starcraft y los Age of Empires, todos de finales de los noventa.

Para evitar miradas lascivas, últimamente cambio de café Internet. A pesar de que a diario busco un nuevo lugar, ninguno termina por convencerme. No es que prefiera estar rodeado de jóvenes más pequeños para sentirme Peter Pan o Michal Jackson. Las computadoras del café internet de los juegos son las más rápidas y sus monitores son pantallas de plasma, aparte tienen una excelente conexión y unos audífonos fantásticos que subutilizo. Mientras los demás los usan para comunicarse en idioma geek con un coreano, yo sólo escucho música. Muy anticuado.

No hay cafés internet para un hombre de 24 años, con audífonos modernos y buena conexión pero sin procesadores gráficos avanzados, ni miradas de niños que te ven anciano. Me encuentro a la mitad de dos mundos opuestos: el planeta de los treintañeros que entran a un café internet sólo para editar su documento de Word, que no les importa hacerlo en Windows 95 y que no saben cómo hacer que la computadora tenga música y el mundo de adolescentes que sólo van a apretar sistemáticamente una o dos teclas y cuya vida gira en torno a subir en el ranking de jugadores online.

No voy a malparidear sobre cómo la sociedad va perdiendo sus valores, cómo los niños interactúan sólo frente a un televisor o un largo etcétera. Hace menos de veinte años a muchos adolescentes los acusaban de ser adictos al teléfono. El mejor amigo o amiga era aquel con quien podías platicar largas horas después de verlo todo el día en la escuela. Todavía cuando iba en la prepa, así se construían los noviazgos: con llamadas por teléfono. Hoy no conozco a nadie que hable cientos de minutos por teléfono o celular (exceptuando cuestiones laborales), pero sí conozco a decenas de personas que actualizan su status en facebook todas las veces que puedan (yo incluido). Ni el teléfono ni facebook son problemas. Son sólo una manera de expresar nuestra necesidad de sentirnos acompañados, sea por una voz o un tag.

Hace unas semanas compré un libro que me hizo sentir algo viejo, pero que tenía un buen estilo. El nombre es Por favor, rebobinar, del chileno Alberto Fuguet. Su compra fue singular. Estaba buscando qué adquirir en una librería. En la primer pre selección había tomado cinco libros con anteportadas fascinantes. De ellos, tres eran de Fuguet, un autor que jamás había leído. Comprar tres libros que por azar eran del mismo autor podría ser un buen indicio, pero también era arriesgado. Podía llevarme tres decepciones de un autor que sólo tuviera excelentes historias o fabulosas contraportadas. Sólo para probarlo, me llevé Por favor, rebobinar.

Fuguet tiene una gran prosa. Su mérito es hacer una novela coral muy arriesgada mezclando varios géneros. El primer capítulo es la autobiografía de un personaje; el segundo una columna de periódico; el cuarto una entrevista; otro una crónica, etc. Algo muy complejo y muy difícil de ejecutar. El primer capítulo es una gran joya de la literatura. Los demás son irregulares. Sin embargo, debo confesar que hace mucho no me cautivaba tanto un autor.

Fuguet comete un error capital en su novela. No me consta que lo repita en todas sus obras, pero por lo que he leído lo hace sistemáticamente. Su texto es imposible de exportar. Escribe todo en chileno, utilizando palabras que sólo se usan acá, algunas inentendibles para un hispanoparlante de cualquier otro lugar, incluido un mexicano con cuatro meses viviendo en Santiago . También juega mucho con aspectos de la ciudad de Santiago en partes innecesarias. Algunos de sus chilenismos y referencias a la ciudad son forzados y por partes pareciera que trata de colocar más a Chile en el centro del mundo que colocar a su personaje en el centro de su historia.

Wikipedia dice que Fuguet se ha opuesto al realismo mágico por considerar que América Latina es más que "tucanes parlantes y abuelitas volando", una crítica voraz pero válida en una región del mundo donde los pobres y la clase media ven mundos distintos. También menciona sobre un compendio de cuentos que coordinó llamado McOndo. El título es otra crítica voraz que podría generalizarse a otros escritores de su generación: fantásticas historias latinas en un mundo capitalista donde todos admiran al gabacho y hablan espanglish.

La novela de Fuguet logra que un amante del realismo mágico como yo, disfrute una novela sumamente realista que hace todo lo contrario. Utiliza muchas referencias de cine gringo de los ochentas para atrás, con personajes, planteamientos y desenlaces; también juega con muchos conceptos que seguro mi hermana siete años menor no entendería por nunca haber utilizado BETA (como “arregló el tracking”) y le da un papel interesante a la tecnología. El libro hasta me ha enseñado un poco de cine.

Xavier Velasco tiene un estilo similar. En sus textos hace infinidad de referencias al rock de los ochentas e incluso algunos de sus diálogos son sólo el protagonista tarareando una canción famosa en esa época. Al igual que con las películas de Fuguet, Velasco me hizo buscar algunas canciones que sólo había escuchado en VH1 o en algún podcast de Olallo Rubio (el ex conductor de Radio Activo). Sabía que las había oído alguna vez, pero no me sabía los nombres.

De plano ahora ya me siento más viejo. Un libro que habla de las BETA y me trae nostalgia me recuerda que soy un anciano. Trataré de frecuentar ahora la Plaza de Armas de Santiago, donde a diario se reúnen viejitos a jugar ajedrez. También voy a tratar de leer lo más que pueda en estos días. Si los niños que juegan en el café internet junto a mí se hacen escritores, después no entenderé ni pío sobre sus Kudos, power arms o hechizos. Tendré que dejar de leer o enterarme de lo que hablan hoy, veinte años después.

La verdad ni Fuguet, ni los niños del café internet me hacen sentir más viejo. Creo era sólo la sensación de que mi cumpleaños se acercaba.


martes, 17 de noviembre de 2009

Necedades y wikipedia

Antes de platicar con un necio sobre si tiene la razón o no, se anhela una caja de aspirinas. En un mundo donde la verdad casi siempre es inalcanzable, para algunos la necedad es una condena involuntaria, para otros sólo un deporte o fanatismo. Conozco personas muy inteligentes que se oponen a lo que dice alguien más, sólo para entretenerse. Este tipo de casos al final son divertidos. La discusión se convierte en una parodia con tintes de sketch donde abundan las bromas.

Sin embargo, la necedad nunca podrá ser deporte olímpico. La mayoría de los tercos no son atletas, sino imbéciles. Discuten, argumentan y contra argumentan con datos falsos, dogmáticos o incomprobables. Cuando estaba de intercambio, teníamos un necio en una clase. Era vampirista, ufólogo, pro abortista y pro vida. Un gran aficionado a jugar a los necios planteamientos de conspiración.

El tema y formato de la clase se prestaban. Era un seminario sobre International cases of terrorism (algo así) y cada semana había un presentador distinto. Sin importar el punto de vista del expositor, el necio siempre interrumpía con cuestionamientos raros. Que no hubiera una misma persona exponiendo siempre hacía que cada profesor tomara sus preguntas sin extrañamientos. En un salón con 60 personas de cuatro continentes, casi cualquier pregunta es normal, incluyendo las que tienen que ver con nieve, pobreza, velos musulmanes o vampiros.

El martirio era para los alumnos que debíamos recetarnos sus necedades. A la mitad del curso estábamos hartos. Al parecer los necios son universalmente aborrecidos, pues después de unas semanas, cada vez que pedía la palabra se escuchaba un largo suspiro de todos. No le aventábamos jitomates para no faltarle al respeto, pero manifestábamos nuestra indignación con la respiración. Tras entender que no queríamos escucharlo, en una de sus tantas interrupciones, dijo indignado: “if you don’t belive me, you can visit www . vatican assassinations . com there you will see that everything i say it’s true”.

La clase cambió el suspiro de indignación por una gran carcajada. Ese día el necio fue la burla por tratar de convencer al resto que el Vaticano mató a Kennedy, Colosio, Juan Pablo I, Selena o hasta a Obama, aunque Obama siga vivo y en ese tiempo nadie lo conocía.

Las discusiones son en última instancia una competencia de ideas. Algunas ideas son mejoras que otras, dependiendo del contexto y el fin último. Demostrar la superioridad de una idea es depende de ejemplos basados en la realidad. Para llevar a cabo una competencia de ideas ambas personas deben aceptarse como posibles perdedoras y reconocer que pueden estar equivocadas. Paradójicamente, las discusiones más interesantes no son las que terminan en abrazos, sino aquellas en las que dos personas con los mismos datos llegan a distintas conclusiones. Al final brindan por no llegar a un acuerdo.

Al contrario, demostrar que un necio está en un error es casi imposible. La discusión se convierte en monólogo. Las teorías de la conspiración son el mayor de los problemas, aunque ellas tienen un error estructural. Los necios no discuten ideas. Los ufólogos, vampiristas, anti imperialistas radicales y nacionalistas a ultranza, parten de dogmas de fe en la que no creen poder estar equivocados. No citan datos o autores, sino encíclicas o páginas de internet construidas por una sola persona.

Una buena apuesta puede distinguir un carrusel de necedades de una buena discusión. Cuando se lanza el reto de perder dinero o dignidad, los necios generalmente culean.

Hace unas semanas discutía con mi mujer si las elecciones deben empalmarse para ahorrar recursos. Según yo, el caso práctico mexicano más extremo es el Estado de México, su lugar de origen. Ahí, la última elección para gobernador fue en 2005, para alcaldes en marzo de 2006 y para diputados federales y presidente en julio de 2006. Al menos yo estaba seguro de eso. Gaby estaba convencida de algo distinto. Según ella, el 2 de julio del 2000 (seis años antes de mi referencia), en su municipio votaron por alcalde y presidente de la República el mismo día. No tenía clara la referencia de gobernador ni diputados locales, pero de lo demás estaba segura.

Acordamos una apuesta para no gastar saliva. El perdedor debía pagar con una semana de desayuno a la carta, caliente y en la cama para el ganador. El premio ameritaba poner reglas especiales. Nuestras referencias eran distintas y a los dos nos convenía evitar ambigüedades en la interpretación. El trato fue que al llegar a la casa, yo buscaría por internet la fecha de la elección de 2006. Si estaba en lo correcto me salvaría de perder. Ella buscaría la fecha de la elección de 2000. Si ella estaba en lo correcto se salvaría de perder. Un trato justo en que el castigo era para quien citara mal su referencia. Un gris y apestoso empate aparecía como posibilidad si habían cambiado la ley entre periodos.

El destino me sonrió. Wikipedia decía que en marzo de 2006 ocurrieron las elecciones de presidente municipal en el estado de México. En esa misma página aparecía que seis años antes la misma elección había sido por las mismas fechas. Yo ganaba.

Wikipedia nunca me ha parecido una mala fuente. Si bien considero inaceptable que un juez la utilice como evidencia en un crimen -como pasó en México respecto al caso Acteal- o que un estudiante la incluya como bibliografía en su tesis, creo es una gran referencia para darte una primera idea sobre algún tema o buscar aspectos concretos. El hecho de que los usuarios la retroalimenten tendería a que incluya más hechos verídicos que interpretaciones sesgadas. Un libro de Historia de la SEP sobre la independencia de México dirá que el cura Hidalgo fue sabio, patriota, guapo, intelectual y valeroso. Una reseña virreinal dirá todo lo contrario. Ibargüengoitia en los Hijos de López diría que simplemente tuvo mucha suerte. La ventaja de una fuente donde todos colaboran es que permite que todos corrijan y se presenten todas estas visiones.

Mi mujer no aceptó la derrota. Revisó los anales del Instituto Electoral del Estado de México y encontró que la elección del año 2000 para alcaldes fue el mismo día que la presidencial. El menú de chilaquiles y hot cakes en la cama desapareció. El resultado final fue un asqueroso y horroroso empate a ceros pero con un gol anulado. El peor sabor de boca para cualquiera que haya apostado millones o desayuno mexicano viviendo en Sudamérica.

En ese momento corregí la Wikipedia. No quería que nadie más perdiera una apuesta por culpa de la desidia colectiva. No sé por qué cuando se trata de aportar conocimiento, los hispanoparlantes aportamos tan pero tan poco. Wikipedia tiene en el cuarto idioma más hablado del mundo 530,000 artículos; en italiano más de 625,000 y en alemán 981,000. No sé si sea que tenemos muy poco que aportar o que necesitamos que alguien con grandes credenciales nos diga qué es lo correcto.

¿Simplemente seremos más necios y preferimos quedarnos con nuestros dogmas de fe? Creo que empezaré a necear sólo por diversión.

jueves, 12 de noviembre de 2009

Trabajo jodido por trabajadores

El negocio de comida junto a nuestro edificio ahora siempre está vacío. Una semana antes, los dueños le habían cambiado la apariencia para atraer más clientes. En la parte exterior colocaron varias lonas con fotos de los platillos: hamburguesas, lomitos, hot dogs, colaciones, etc. Cuando llegamos hace cuatro meses, el local era más un puesto de hot dogs que un mini restaurante. Pocas semanas después el negocio se convirtió en nuestra salvación. Ofrecía comida rica a un precio bajo, la cual incluía papas o arroz, guisado, ensalada y un pan por unos 30 pesos mexicanos (2 USD). Lo suficiente para estar satisfecho. Aparte nunca encontramos nada más barato, incluidos nuestros propios guisos.

La caída del negocio no vino por un descuido o falta de entusiasmo de los dueños. Hace unas semanas los profesores chilenos de educación básica y media comenzaron una huelga. Desde ese día, ningún estudiante toma clases. La escuela frente al negocio parece más un edificio abandonado y el consumo del local se ha desplomado.

Cualquier mexicano nacido en los ochentas y radicado en el DF pensará que conoce todas las posibles demandas absurdas de los sindicatos. En México, los sindicatos se han vuelto cotos de poder para que los líderes se hagan millonarios y no para que los trabajadores tengan una vida digna. Un instrumento de impunidad y sembradío de votos a cambio de mantener la paz y dejar vivir al ciudadano común. A pesar de convivir con el SME, el SNTE, la CROC, la CTM y tantas otras bellas organizaciones de trabajadores, la exigencia del Magisterio chileno es la más ridícula que he escuchado.

En 1981 los maestros fueron traspasados a las municipalidades. El decreto que estableció la medida estipulaba que los maestros traspasados recibirían un bono. En ese año Michael Jackson aún no grababa Thriller, la Guerra de las Galaxias llevaba sólo una película estrenada y Diego Maradona no había jugado un mundial. Yo ni siquiera había nacido. Han pasado casi 25 años y el bono nunca llegó. La exigencia fue bautizada como una telenovela: "Los maestros exigimos el pago de la deuda histórica".

Seguro habrá miles de explicaciones para que los maestros exijan su bono. En un sentido jurídico puede parecer hasta justo. Un decreto del Ejecutivo compromete a una institución y no a los deseos de una persona. Sin embargo, no por eso deja de parecerme ridículo detener las clases por tanto tiempo después de tantos años. No he escuchado a alguien elaborar un argumento sobre por qué antes no reclamaron airadamente. La democracia lleva en Chile casi veinte años y el decreto fue firmado nueve años antes de que ella llegara. Puede haber alguna explicación técnica, como que ahora es el mejor momento porque antes había crisis, que el otro presidente no cumplió su palabra o que ahora gobierna la parte más izquierdista, bla, bla, bla... Sin embargo, por más justificaciones que imagino no encuentro alguna que me convenza de que los maestros tienen razón. Quizás tenga tendencias a la tiranía o a la injusticia.

Los maestros no son los únicos que están en huelga. Las últimas visitas al centro han estado marcadas por marchas de doctores, trabajadores de supermercados, sindicatos del gobierno, etc. En la mayoría de los casos las marchas parecen ser de verdaderos involucrados con demandas justas y exigibles: mejores servicios, mejor sueldo a los que menos ganan y más prestaciones. Dos aspectos me generan una buena impresión: las manifestaciones no son exclusivas de empresas públicas y las marchas se hacen sobre los paseos peatonales del centro de Santiago. Las molestias a los automovilistas son mínimas en comparación al DF, aunque quizás diga eso porque no ando en auto.

A sólo veinte años de la caída del Muro de Berlín, en México hoy muchos ningunean a la libertad de expresión y manifestación. Muchos miembros de las generaciones no reprimidas por estados autoritarios incluso se quejan de los nacos manifestantes que no dejan pasar sus autos de lujo. Argumentan que mejor deberían ponerse a trabajar en vez de exigir que el patrón los trate dignamente. En el país de los abusos por parte de los holgazanes, la demanda burguesa comienza a volverse legítima. Los líderes exigen trato digno para sus representados mientras ellos viajan en cruceros, compran grandes ranchos y fuman habanos finos. Los sindicatos son un instrumento de dignidad y movilidad social, pero sólo para los líderes.

Cuando trabajaba sobre Paseo de la Reforma, algunas noches había una manifestación interesante: los 400 pueblos. Un grupo de indígenas que reclamaban que les habían quitado sus tierras. Prendían antorchas y daban vueltas sólo con un taparrabos alrededor de la Glorieta de Colón. Durante las tardes las mujeres indígenas andaban desnudas repartiendo volantes. Los 400 pueblos se volvieron por un tiempo recordatorio de las injusticias del país. Sin embargo, su reclamo se ha vuelto intermitente. Después de ser visitantes de ocasión se convirtieron en una buena postal. Van y regresan a su estado natal cada determinado tiempo. La demanda por sus tierras dejó de parecer legítima a muchos, incluido yo. Aunque por la mirada de los indígenas que duermen (o dormían) cerca del Monumento a la Madre, estoy seguro que muchos sí se encueran esperando que su desnudez les devuelva las tierras. Mientras tanto, en una entrevista con Excélsior su líder presume sus departamentos de lujo y sus cenas en la Condesa. Naturalmente vestido y con sus propiedades en orden.

Las marchas y manifestaciones son un elemento fundamental de cualquier democracia. Los análisis mexicanos sobre el caso chileno alaban la competitividad de este país, una verdadera joyita en medio del caos latinoamericano y con problemáticas de primer mundo en algunos aspectos. En Chile tan valiosa es la libertad de expresión que seguramente las marchas han servido en el pasado para que los chilenos hagan un alto en el camino y se propongan mejorar.

En medio de tantas cosas buenas de este país, el "pago de la deuda histórica" me recuerda que en la semana de las marchas, la demanda más ridícula viene de los maestros chilenos y ha ocasionado que el negocio de comida junto a nuestro edificio ahora siempre esté vacío.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Feria del Libro y Estación Mapocho

La primera vez que fuimos a la Estación Mapocho salimos desilusionados. Este lugar era un sitio turístico imperdible en Santiago. No lo vimos así y nos pareció una infraestructura con mucho potencial pero vacía. El lugar respiraba historia pero nadie te la contaba. La única información que encontramos venía en nuestro mapa. Era una vieja estación de trenes que convirtieron en Centro Cultural. Ese día a la cultura se le había hecho tarde.

Regresamos este fin de semana. Ahora no como turistas buscando tomar muchas fotografías, sino como consumidores potenciales. En la Estación Mapocho se lleva a cabo La Feria Internacional del Libro de Santiago.

Las Ferias del Libro en la Ciudad de México se realizan en el lugar que más le pertenece al pueblo: el Zócalo. La entrada es gratuita y la Feria está llena de eventos culturales. Hay conferencias casi todo el día y precios accesibles en los productos. El lugar más populachero (o democrático) no demanda precios aburguesados.

Una visita a la Feria del libro del DF puede convertirte en Santa Claus. Los precios son tan bajos que una persona con tiempo y paciencia puede llevar regalos para toda su familia. En una ocasión compré una colección de cuatro libros de Carlos Fuentes por 100 pesos (7 u 8 dólares). Otro año el recién estrenado Vivir para Contarla de García Márquez en menos de 10 dólares (la mitad del precio normal). El año pasado hice mi compra más cara: un libro gráfico sobre lucha libre que no sobrepasó los 20 dólares. Una ganga si considero que puedo gastar más en una tarde en pareja de cine con palomitas.

La Feria del Libro de Santiago no es gratuita. Debes pagar mil 500 pesos chilenos a la entrada (3 dólares). No la organiza el gobierno sino por el Consejo Chileno de la Lectura, una ONG. Uno esperaría que al pasar la taquilla una guapa edecán te entregara al menos un mapa de regalo, una bolsita con bolígrafos de los patrocinadores, un programa, una guía de ofertas, un calendario, lo que sea. No ocurre así. La vendedora de la taquilla ni siquiera nos dio una sonrisa.

La Feria del Libro de Santiago es quizás más grande que la del DF. Tiene tres pasillos largos que por lapsos se convierten en cinco. La oferta de títulos es más variada y los expositores se refieren a muchas ramas del conocimiento: colegios de arquitectura, embajadas, sitios web con libros electrónicos, restaurantes con libros de cocina, en fin. No es un monopolio de amantes de las rimas, los relatos o las historias de la izquierda, como algunos años le ocurre a la del DF.

La Feria del Libro de Santiago no me permitiría convertirme en Santa Claus. Los precios en su mayoría son elevados. Hace unas tres semanas fui a una librería en el centro y salí con tres novelas en alrededor de 300 pesos mexicanos (25 USD). En la Feria, los dos libros más baratos que me interesaron costaban 200 cada uno. Aparte de que me cobraron la entrada, debía pagar el doble que en cualquier librería. Preferí sólo ver.

La Feria del Libro de Santiago cuenta con muchos autores presentes. Eso es asombroso. En cada stand hay una persona sentada frente a una mesa que contiene decenas del mismo libro con una fotografía y un papel con una leyenda similar: “Hoy, Juanito Pérez, famoso autor del Cuento contado, firmando libros”. Esta gran ventaja es mal ejecutada. No hay forma de saber por Internet qué autores vendrán mañana ni los que se aparecerán en la tarde. Al parecer no quieren prometer algo que después no puedan cumplir. Una tontería.

La Feria del Libro de Santiago tiene muchas presentaciones de libros. Al menos hay dos o tres diarias. En esta fortaleza, el diario El Mercurio reporta una gran debilidad. La Feria dura muchos días y la falta de información en la red origina pocos asistentes. Las presentaciones se convierten en monólogos de dos individuos sentados frente a una sala vacía. La mayor falta de respeto a cualquier autor o expositor. Ayer no lo pude comprobar porque no entré a ninguna. El próximo sábado presenta Carlos Fuentes y me daré otra vuelta.

Si regreso el próximo sábado a la Estación Mapocho, ojalá no salga desilusionado. La tercera puede ser la vencida.


sábado, 7 de noviembre de 2009

El Columnista 06112009


Mi colaboración de ayer en el periódico de Puebla El Columnista

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Muchas calaveritas en lugar de ofrendas

Los lamentos porque el mundo de hoy es diferente al de ayer quizás serán eternos. Hay una esquizofrenia por mantener las tradiciones. Si bien las sociedades tratan de romper las ataduras al pasado que no las dejan avanzar, a su vez intentan conservar lo que le enseñaron sus abuelos. Se busca un equilibrio que sería perfecto. Un mundo de autos más veloces pero con piñatas cada diciembre, o turismo al espacio por el puente de Día de Muertos pero acompañado de hojaldras

El espíritu antiyanqui enerva estos lamentos durante el Día de Muertos. En esta guerra de tradiciones se enfrentan dos clases de muertos vivientes: los que regresan a visitarnos porque los extrañamos y otros que vienen a asustarnos. Los espíritus protectores contra los zombies sajones.

Para alejarnos del susto, en la escuela se organizaban concursos de ofrendas cada año. Todos participábamos o ayudábamos. Cuando más pequeños, algunas mamás iban a darnos chocolate y pan de muerto. Todos comíamos. También había un concurso de calaveritas, aunque en este casi nadie participaba. No se podía escribir una buena calaverita a un profesor, maestra o papá. La ofensa podía costar puntos esenciales para solicitar el nuevo juguete. La esquizofrenia por ser castigado nos hizo perder un poco de esa tradición.

Conozco poca gente que escriba calaveritas. Sin embargo, aún no conozco a alguien que no disfrute leer aquellas que se publican en el periódico, así sea para decir que fue mala. Las calaveritas, más que un homenaje a la muerte, son una simulación de ella. Epitafios contados como versos sobre lo que pasaría si un personaje público muriera graciosa y repentinamente. De seguro muchos políticos de medio pelo sueñan con que algún medio de comunicación les escriba una calaverita algún día. Quizás también les provoque la sensación de que su vida ha valido la pena. Al menos para hacerse famoso.

Las calaveritas mezclan picardía e ironía sobre la muerte, pero paradójicamente necesitan estar inspiradas en una vida próspera llena de errores propios. Muchos mueren sin que se haya escrito una calaverita en su honor. Puede ser que su vida haya sido poco fructífera o que no se hubiera rodeado de poetas. Sin embargo, hay muchos que simplemente no vivieron el tiempo suficiente.

Uno de los indicadores más utilizados para estimar la prosperidad de un lugar es la esperanza de vida. Ella es el promedio de edad de las personas que mueren en un año por razones no violentas. Un lugar higiénico y con servicios de salud que funcionen correctamente, aumenta la probabilidad de morir después de una larga vida en la que nos escribieran no una, sino muchas calaveritas.

Según datos de la CIA, en 2005 la esperanza de vida mundial era de casi 67 años, con diferencias sustanciales entre las regiones. Mientras en Norteamérica y Europa superaba los 74 años, el promedio de los países africanos era de 55, casi veinte menos. Los países con mayor esperanza de vida eran Andorra y Japón, con 84 y 82 años respectivamente. Mientras tanto, en América Latina, el país mejor colocado era Costa Rica seguido de Cuba, Ecuador, Uruguay, Argentina y Panamá. Según esta misma fuente, México es el país 51 con 75.19 años en promedio.

Según el INEGI, la esperanza de vida en México en 1930 era de sólo 34 años. En 1970 aumentó a 61 y llegó en 1990 a 71 años. Desde el 2000 se ha mantenido estable rondando los 75 años. Entre los estados, la mayor esperanza de vida se encuentra en Quintana Roo y el DF, mientras la menor en Guerrero y Veracruz. Puebla se encuentra ligeramente mejor que la media nacional con 75.2 años. Según el INEGI, desde 1970 la esperanza de vida en Puebla ha incrementado casi 18 años, tres más que el aumento que ha habido a nivel nacional. Podríamos decir que partimos de una realidad desventajosa respecto al resto del país y ahora nos encontramos mejor que el promedio.

La esperanza de vida genera la impresión de decirnos cuánto podemos llegar a vivir o cuánto viven en promedio los adultos mayores. Sin embargo, no es así. Al ser una media, en una sociedad donde mueran dos personas, una con 6 y otra con 70 años, la esperanza de vida de ese lugar sería de 38 años. En una situación extrema, la esperanza de vida mejora sólo si se reducen las muertes a temprana edad.

Un alto número de muertes no necesariamente implica un grave problema. Quizás sea originado sólo porque hay mucha población. En este sentido, la tasa bruta de mortalidad es la relación entre las muertes en un periodo y su población media. En 2007, Puebla tuvo casi cinco defunciones por cada mil habitantes ubicándose así en el lugar 16 a nivel nacional. Prácticamente a la mitad.

Pareciera que todas son buenas noticias, pero hay un aspecto grave. Si bien nuestra esperanza de vida ha mejorado y nuestra tasa bruta de mortalidad responde a la realidad nacional, en 2008 Puebla fue el quinto estado con mayor mortalidad infantil. El 70% de las muertes de menores de 15 años ocurrió a bebés menores de un año. Por otra parte, de acuerdo con la Red por los Derechos de la Infancia en México, el municipio poblano de San Nicolás Buenos Aires es el lugar donde un recién nacido tiene mayor riesgo de morir. Los niños que nacen en ese municipio en el centro del estado tienen una bajísima probabilidad de que alguien les escriba una calaverita.

El INEGI estima que la tasa de mortalidad de menores de un año para Puebla en 2009 será de 17.1 muertes por cada mil nacidos vivos. Si consideramos que hace sólo nueve años la tasa fue de 42 defunciones por cada mil, sin duda ha habido un gran avance. Sin embargo, en Nuevo León, Durango y Nayarit sólo ocurren siete decesos en este grupo por cada mil nacidos. Todavía es posible reducir la cifra.

Sería falaz negar los buenos resultados. La esperanza de vida ha aumentado en el estado y la tasa de mortalidad de niños menores de un año se ha reducido paulatinamente. Sin embargo, aún tenemos al municipio más riesgoso para nacer. Falta sólo cerrar la pinza.

Ojalá el próximo año no coloquen ofrendas por los niños que nacieron y murieron pronto. Ojalá a esos niños después les escriban muchas calaveritas.


viernes, 6 de noviembre de 2009

Sin hogar, identificación ni tréboles de cuatro hojas


En el jardín de mi casa había muchos tréboles. Aunque mi probabilidad de tener buena suerte era más alta que quien no tenía jardín, nunca encontré uno con cuatro hojas. Nunca le he puesto atención al mal augurio y muchas veces me encomiendo de más a mi buena suerte. Quizás sea porque pocas veces me ha abandonado o quizás olvido cuando me ha dejado a la deriva.

Gaby no confía en su buena suerte. No es que no la tenga, pero prefiere reducir riesgos. Antes del viaje, buscó casas y departamentos para vivir. Tuvo suerte en encontrar lugares pero no en cerrar tratos. Al final contactamos al amigo de la amiga de la compañera chilena de la maestría de una tía. Nos dio varios tips por correo y nos ofreció una pieza por algunos días mientras encontrábamos algo. A Gaby la tranquilizó. Yo me conformaba con un lugar donde pudiéramos guardar las maletas. Lo demás lo podía solucionar mi buena suerte.

Nuestro vuelo llegó a las 11 de la noche, por lo que pasamos la primera noche en un hotel. Al día siguiente, el amigo de la amiga no apareció. No contestaba sus teléfonos y mucho menos un correo. Nuestras maletas eran tantas y tan grandes que desplazarlas era complicado. Era necesario encontrar al menos un lugar donde guardarlas.

Fuimos a la universidad a pedir auxilio. La coordinadora de intercambios internacionales dijo que estaba para ayudarnos en todo lo que necesitáramos. Antes de que le formuláramos nuestra solicitud expresa acotó: “Claro, siempre y cuando no sea algo como guardarles sus maletas”. Su concepción del todo me pareció demasiado limitada. Lo que sí nos ofreció fue un teléfono para realizar llamadas locales y computadoras con Internet.

Mi trébol de cuatro hojas vino bautizado como Contact Chile, una empresa que canaliza dueños en Chile con extranjeros y facilita la renta de casas. Después de hacer unas llamadas, otro compañero y yo fuimos a las oficinas. Unas horas después regresamos a ver a Gaby y nuestra otra compañera. Llegamos felices. Encontramos un departamento amueblado, cerca de la escuela y del centro. El precio era justo y en el regateo el casero nos redujo 10% al mes. Un sueño.

A diferencia de nuestra alegría, las niñas habían llorado, quizás no sólo metafóricamente. Trataron de conseguir que alguien nos guardara las maletas unos días. A pesar del fracaso, sus lágrimas fueron producidas por otra afirmación. Todas las personas con que hablaron les dijeron lo mismo: “No se preocupen, si ya sacaron su RUT es facilísimo conseguir casa”. La primera lágrima salió cuando recordaron que aún no teníamos RUT. En la mañana habíamos decidido ir a la universidad y hablar al amigo que no contestó, en lugar de acudir a Extranjería a registrarnos.

El RUT es una credencial que tienen todos los residentes en Chile. Es utilizado prácticamente para todo. Algunas tiendas departamentales te lo piden si les compras algo. La carencia de RUT no te restringe las compras, sólo los descuentos. Con base en tu RUT cuentan tu mercancía y te dan rebajas. El RUT aparte de funcionarle al Estado hace la vida más fácil para los publicistas, mercadólogos y administradores. Una buena base de datos permite detectar el comportamiento de los clientes en automático. Lo mejor es que al final depende de si el cliente se quiere registrar.

El RUT también sirve para los programas sociales y recaudar impuestos. En Chile si alguien quiere recibir apoyo del gobierno debe ingresar su RUT. Dos programas que otorguen apoyos parecidos no pueden ser recibidos por la misma persona, y el sistema los anula automáticamente. En México, alguien puede registrarse para recibir apoyo por varios programas. Sólo necesita registrarse varias veces en el IFE, quien sólo pide copia de acta de nacimiento u otra identificación. En el peor de los casos basta con dos testigos. Como las huellas digitales no se cruzan con las de los otros miles de ciudadanos, es mucho más sencillo engañar al sistema. Por otra parte, los tenderos te dan una papeleta en que aparece el monto de tu compra con su RUT.

En tres o cuatro días recibes tu RUT. Cuando me fui a inscribir al Diplomado aún no tenía el documento. Me inscribí con mi pasaporte. Mientras llenaba mis formularios el coordinador me preguntó cómo era el RUT mexicano. Le dije que no teníamos, sólo la credencial para votar. Me pregunta asombrado: “¿y los niños? ¿Cómo hacen sus trámites?” Le respondo: “con el acta de nacimiento”. Formula otra pregunta: “¿y si se los roban? ¿Cómo coteja la policía a un niño de dos años encontrado con el padrón de niños robados? ¿Acaso ve todas las actas de nacimiento?”. Olvidé mencionarle que ese tipo de crímenes no se investigan, a menos que seas rico y popular.

La mayor ventaja del RUT es que no debes cargar miles de millones de documentos. El día antes de salir de viaje, una imprudencia hizo que mi billetera viajara a la lavadora junto con el pantalón que no quería lavar. Tendré que ir a varias oficinas para recuperar mis pocas identificaciones. En Chile sólo tendría que ir a la oficina de los RUTs.

El gran debate mexicano por la Cédula de identidad me parece mal enfocado. El documento es una bendición para los ciudadanos, empresarios y gobierno. Paradójicamente, sólo he escuchado una paranoia del Estado represor similar a la mexicana en el Reino Unido. En un lugar donde nacieron los autores de 1984 y V for Vendetta, es normal que tengan miedo de dar tanto poder a una persona o grupo de personas.

Creo necesaria una cédula de identidad en México. Sin embargo, el CURP me parece el mayor desperdicio de los últimos años. Se gastaron millones de pesos en crear un padrón que serviría para que niños, jóvenes y adultos pudiéramos identificarnos. Un papel verde que fue inservible. Si bien puedo presumir que tengo varios amigos con tres o cuatro actas de nacimiento por motivos escolares o errores secretariales (yo incluido), muchos de los que conozco reconocen tener dos CURPs de manera involuntaria. El CURP duplicado es de las cosas más normales de mi generación.

En cualquier otro lugar del mundo se hablaría de mejorar el CURP o añadirle la cosita biométrica. Si fuese inviable por tener errores estructurales, entonces se exigiría castigo a los funcionarios que diseñaron, ejecutaron o evaluaron mal el mentado CURP. En México no.

Seguramente esos funcionarios tenían miles de kilómetros cuadrados de jardín en sus casas con millones de tréboles de cuatro hojas.

Lástima que mi jardín no era tan grande

lunes, 2 de noviembre de 2009

Viaje en el tiempo

La nueva entrada en Un2Go.org. Sobre viajes en el tiempo y relatores de Derechos Humanos

http://www.un2go.org/home/?p=876

Apestan como salvación

Señalar culpables quizás sea lo más fácil de este mundo. Alivia la responsabilidad del culpable y hasta puede convertirse en víctima o héroe. Al contrario, quizás lo más difícil del mundo sea encontrar que un culpable declare su culpa. La búsqueda por la justicia ha generado miles de mecanismos, desde tribunales donde la palabra es lo más valioso hasta torturas donde lo menos importante es la verdad.

Recientemente he pensado que quizás lo más inteligente no sea negar una acusación. La mejor estrategia es adelantarse a los hechos y aceptar que existe la probabilidad de ser culpable. El truco es negarlo antes de que alguien siquiera lo piense. Las autoconfesiones negadas sin cuestionamientos son como las “preguntas frecuentes”, declaraciones de las empresas sobre las posibles fallas reconociéndolas como ventaja.

Mi último trabajo estaba muy cerca de la casa. Casi todo el tiempo que trabajé ahí preferí llegar en transporte colectivo. Vivo frente a una parada de autobuses y una de esas rutas me dejaba en la oficina en menos de veinte minutos. Los autos te alejan de la convivencia con los demás, del trajín que sufre mucha gente y de cientos de divertidas historias.

Casi cada mañana se subía un vendedor con mucho talento. No era el clásico merolico que sólo grita. Tenía una oratoria pulcra, una buena argumentación y un producto novedoso. Ofrecía unas nuevas cápsulas para quitarse el mal aliento en menor precio que en cualquier tienda. En su exposición nos daba la libertad de tomar el producto para comprobar que estuviera cerrado, en buen estado y que no se hubiera pasado de la fecha de caducidad. Algunos le compraban pero nadie dudaba que dijera la verdad. Es como cuando compras un disco pirata y le preguntas al vendedor: “y si no sirve?” Y el vendedor responde: “está garantizado amigo”. Un absurdo de la comunicación, de las ventas informales y las preguntas frecuentes.

Un día le compré al gran vendedor. No porque el producto me hubiera convencido, sino porque creía que hacía un trabajo excelente. En el Diablo Guardíán, la protagonista pedía limosna sin sentir pena ni remordimiento. En su autoconfesión ella consideraba la limosneada como un trabajo, en el que ofrecía que alguien se sintiera caritativo y con alivio en el alma a cambio de unas monedas. En el caso del vendedor talentoso, mi compra fue una recompensa a su desempeño y me hizo sentir bien.

Llegué muy contento a la oficina con mis nuevas cápsulas no caducas, que mantienen mi aliento refrescante por más tiempo, con mejor sabor y más baratas. Superada la emoción comencé a ver el empaque de mi maravilloso producto. Lo que me vendieron estaba rico aunque ya había caducado. En la tarde, me encontré más baratas las mismas cápsulas en una tienda. A pesar de que seguí viajando en transporte colectivo, nunca no a ver al vendedor de la excelente oratoria y gran argumentación. No pude reclamarle ni me sentiría desahogado si me inconformaba en el mejor lugar para consumidores defraudados.

Desde hace tiempo creo que la mejor página de internet para los consumidores mexicanos no es la de PROFECO, sino Apestan.com. Su lógica es simple. Cualquier persona que se sienta estafada y furiosa con algún vendedor de pastillas o empresa se desahoga por Internet. Un consumidor que gogleé opiniones de usuarios para deliberar su compra puede ver tu comentario. Si la ofensa que te hicieron es tan grave, te habrás vengado del trago amargo cebándole una venta a la compañía.

Apestan nos hizo preferir Cablevisión sobre SKY. Mientras los clientes de SKY se quejaban de que cuando llovía se iba la señal y de la pésima actualización del menú; los de cablevisión se enfocaban en un elevado costo para servicio HD y que no había muchos centros de pago. Desde esa vez vimos deportes sin HD incluso cuando llueve mucho. Apestan es una vacuna contra las autoconfesiones. Es una sección de preguntas frecuentes respondidas por los usuarios.

En los últimos días pareciera que retomé muchas amistades. Mi correo electrónico se llenó de mails de muchos remitentes de quienes tenía mucho tiempo de no saber nada. Después de leerlos todos, me quedé casi igual en cuanto a conocimiento sobre sus vidas. En todos los casos me reenviaron correos sobre un niño desaparecido en Puebla. Más allá de que el mensaje de la “madre” es cero cautivador, su estrategia para embaucarte en que pierdas tu tiempo reenviando el mail es similar a la del señor del autobús y las preguntas frecuentes. Declara todas sus culpas pero las niega con un mensaje similar a este:

Hola. Sé que te llegan muchos mensajes así pero ayúdame a encontrar a mi hijo, él es Agustin Martin, vive en la colonia (nombre real), estudia en el Colegio Humboldt, lleva 9 días desaparecido, di aviso a la policía pero nadie lo encuentra por más que lo buscan, bla, bla, bla, yo se que no me vas a creer pero lo quiero mucho, cualquier información al correo: todosporagustin@hotmail.com. Esta es su foto.

Me recordó al vendedor ofreciéndome un producto caduco y barato que estaba vencido y más caro que en la tienda. También a que seguro muchos me reenviaron ese correo sólo por sentir su alma tranquila. En esta ocasión no iba a caer presa del engaño. Antes de llenar la bandeja de mis conocidos utilicé la estrategia de Apestan que alguna ocasión anterior utilicé. Googleé el nombre del niño y el mail de ayuda. Encontré que el correo fue enviado durante 2009 en al menos Argentina, Chile y Colombia con el mismo nombre, el mismo mail de ayuda, la misma foto del niño sonriente y quinientos millones de resultados diciendo que era fraude.

No fue la primera vez que Google me dio la verdad. La salvación de las almas por no sentir culpas puede generar mucho caos. Hace unos tres años me mandaron un correo parecido. Quizás mejor hecho porque tenía mucha más información. Era una narración de un supuesto secuestro de una zona comercial popular de Puebla que incluso se leía cómica por el estilo. Básicamente decía:

Hola, el 18 de febrero de 2006 fuimos a La Fayuca a comprar mi Xbox y casi no lo cuento. Iba con un amigo y una amiga, a él lo mataron y lo dejaron ciego y a ella la violaron repetidamente. Nos secuestraron y nos encerraron pero somos reales ya fuimos a la policía y nadie nos quiere ayudar porque son parte de la misma banda pero yo me escapé, bla, bla, bla, bla. Si no nos crees, te mandamos una lista con los nombres de todos nuestros familiares y el número de averiguación previa 12124-dj234 atentamente, 30 nombres

El correo funcionó para lo mismo que ahora: recibir noticias de viejas amistades que sólo se indignaban de la inseguridad y los nacos vendedores fayuqueros. Se propagó entre mucha gente conocida y salió en la tele. Algunos medios poblanos incluso hablaron sobre la inseguridad, sus orígenes y la importancia de comprar en lugares establecidos. El día que lo recibí googleé el nombre que aparecía en el correo y otra persona ya me había hecho el favor de encontrar que nada había sido cierto. El nombre del secuestrado era inventado y los amigos de los damnificados era como treinta argentinos muertos durante el régimen militar.

Creo es un buen negocio declarar todo por lo que puedes ser culpable y después negarlo. Al menos sirve para hacerte rico como en los multiniveles (otro día malparidearé sobre eso). Ojalá abrieran un sitio como Apestan.com dedicado a las cadenas de los correos y los vendedores en camiones

Los culpables que se señalan a sí mismos serían castigados por sus mentiras y no premiados por gente que adquiere la tranquilidad de su alma.

sábado, 31 de octubre de 2009

Colaboración El Columnista 301009


Mi colaboración de ayer en el periódico de Puebla El columnista. Un análisis de los distintos estudios de competitividad y sus conclusiones

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Poco competitivos por injustos

Las excursiones poblanas al DF están acompañadas de quejas sobre el tráfico, la contaminación, y el olor del Metro. Entre tantas diferencias hay un alivio: casi toda la comida poblana como el mole o los chiles en nogada pueden encontrarse. Lo único que no hay desde Indios Verdes hasta Tlalpan son los tacos árabes. En una ciudad que presume tener de todo, es un alivio para los poblanos poder presumir que los tacos árabes no entran al DF.

Las presunciones autóctonas buscan demostrar que lo mejor ocurre en la tierra propia. El presumido generalmente toma hechos sin números, ocasionando largas discusiones, aburridos monólogos o sangrientas peleas. El sabor de la comida y la belleza de las tradiciones dependen de percepciones sensoriales y son difíciles de medir. La comida mexicana podría ser la más sabrosa del mundo, dependiendo de si lo dice un mexicano o un italiano.

Otras discusiones toman hechos más cercanos a calificaciones escolares que a lo que dicen los sentidos. Para ello, determinar la grandeza de un lugar es complejo y requiere de conjugar variables sociales, económicas e institucionales. Una de las mediciones que más se han utilizado recientemente es la competitividad.

Desde un sentido público, la competitividad es la capacidad de una región o estado para atraer y conservar inversiones. Su lógica es sencilla e intuitiva, aunque no por eso controvertida. Ciertos factores incentivan las inversiones como la probabilidad de que no asalten el negocio, el número y costo de los permisos, el tiempo en que proveedor incumplido resarcirá el daño o la facilidad para encontrar empleados capaces.

Si alguien heredara millones ¿dónde invertiría ese dinero para generar más capital? ¿En Suiza o en Somalia? A pesar de que la respuesta es obvia, existe la posibilidad de que dos personas con buenos argumentos lleguen a conclusiones distintas. Alguien podría pensar que en un lugar con sueldos altos es más caro mantener el negocio, mientras que otro vería eso como señal de personas con mejor desempeño laboral. Lo importante es poder sistematizar las diferencias.

El Foro Económico Mundial elabora el Índice de Competitividad Global para determinar qué país es más competitivo. En 2009, México ocupó el mismo lugar que el año pasado: 60 de 133. Mientras en 1996 éramos el lugar 32, en menos de quince años, 28 países se volvieron más competitivos que nosotros. Países ante los cuales nos mostramos presuntuosos como Puerto Rico, Costa Rica o Panamá ya nos han superado.

Los gobiernos locales deben tener cierta responsabilidad. Hay tres independientes que miden la competitividad local en el país. Ellos son elaborados por el Centro de Investigación y Docencia Económicas (CIDE), el Instituto Mexicano de la Competitividad (IMCO) y la consultora Aregional. Difieren en su temporalidad, definición, sujeto de estudio y algunas variables, mas todos tratan de definir cuál región cuenta con las mejores condiciones para generar desarrollo.

Los resultados estatales 2009 de Aregional y el IMCO ubican a Puebla en el lugar 26 nacional. Sin embargo, mientras que para Aregional los principales problemas son las bajas tasas de crecimiento de las pymes, para el IMCO somos el estado con los jueces menos imparciales y la peor calidad institucional de justicia. Aunque las recomendaciones parecerían distintas están relacionadas entre sí. Un lugar que no garantice el respeto a los convenios frena el desarrollo de empresas.

Por su parte, el estudio del CIDE no mide entidades federativas sino regiones. La competitividad estatal delimita los problemas a gobiernos específicos, pero los inversionistas generalmente deciden basándose en tamaños de mercado y no en divisiones políticas.

La última medición del CIDE (2008) incluye una tabla que compara sus resultados con los estudios sobre ciudades del IMCO y Aregional. Si bien la forma de agrupar regiones es distinta para los tres casos, los resultados son interesantes. Las zonas metropolitanas de Monterrey, Chihuahua, Aguascalientes, Ciudad de México, Querétaro, Mexicali y Guadalajara aparecen con algunas variaciones entre los primeros quince lugares en los tres índices. Algo están haciendo bien. En el caso de la zona metropolitana de Puebla, ésta sólo aparecía en el estudio del IMCO en el lugar 15.

Algún poblano presuntuoso podría afirmar que el índice del IMCO es el más cercano a la realidad. Sin embargo, para la cuarta ciudad más habitada del país debería ser una obligación encontrarse en el top ten en cualquiera de los casos. Deberíamos presumir de la grandeza de Puebla por su capacidad para atraer inversiones respecto al resto del país y no sólo por los tacos árabes.

Algunos de estos estudios reconocen variables geográficas inalterables en su medición. Sin embargo, ciertas acciones para estimular las inversiones son responsabilidad directa de los gobiernos o municipios. Sólo falta un poco de voluntad.

Recientemente el IMCO publicó junto con el Banco Mundial el reporte Doing Business en México 2009 con una metodología mucho más específica. Al enfocarse sólo en la facilidad para hacer negocios y no en toda la competitividad excluye variables sociodemográficas y se centra en los tiempos y costos fijados por las leyes y reglamentos de cada estado. Finalmente una buena noticia. Según este reporte, Puebla hizo modificaciones que le permiten ocupar el primer lugar nacional en el indicador de menos días para abrir una empresa: doce.

Sin embargo, las bajas calificaciones en la facilidad para obtener permisos de construcción y hacer cumplir los contratos ubican a Puebla en el lugar 19 nacional. Los distintos estudios, tanto generales como particulares coinciden en un punto: los mecanismos de acceso a la justicia son caros, obsoletos y complicados, por lo que frenan nuestra competitividad.

La competitividad no es producto del azar o designio divino. Los gobiernos y las personas colaboran en todos los niveles para mantener las inversiones. Es necesario enfocarse en atacar los problemas más graves y en los que coinciden todos los estudios.

Mientras Puebla se convierte en una región o estado más competitivo los presuntuosos se conformarán con que ni en el DF, ni en Monterrey, ni en Aguascalientes hay tacos árabes.